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OTROS TEXTOS
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Rolando Gabrielli
Enviado por el autor desde Panamá, a quien agradezco enormemente.
Se mantienen los colores de su Blog, que puede verse haciendo clic aquí
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J.D. SALINGER, emperador del olvido
05/02/2009
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'Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan en él. En cuanto empiezan a correr sin mirar a donde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura.'

J.D. Salinger, El guardián entre el centeno.


J. D. Salinger está vivo, acaba de cumplir 90 años y desde hace 45 no edita un sólo libro, porque le gusta escribir por placer para sí mismo y su vida ha llegado a ser tan mistriosa y privada que lo más probable es que él también la desconozca. Un hombre que no le ha hecho concesiones ni a las portadas de sus libros. No quieren que lleven ilustraciones ni fotografìas suyas, menos se ha rendido a la fama desde que es autor de culto con su obra El Guardián entre el centeno. Mucho se ha comentado sobre ese libro, la libertad con que está escrito, frescura, todos los clichés habidos y por haber, ese encanto que te lleva a abrazar al protagonista y al autor, diría. Un viaje iniciático de un adolescente norteamericano Holden Caulfield, por un mundo material, hipócrita y con el glamour de la desesperanza . ¿Qué podría pensar hoy J.D. Salinger de lo que está afuera, un mundo como si fuera un dinosaurio despachándose un Big Mack en alguna escalinata de Manhattan sin asco?

  

J.D. Salinger prefirió sus iniciales que Jerome David Salinger. Su padre, rico judío polaco vendedor de quesos se llamaba Sol Salinger, y es probable que haya huido de la SS. Su primera mujer fue una doctora francesa, se llamaba Sylvia. Después volvió a casarse y viviò al parecer una vida algo alejada del sexo, entre vegetariano, el zen, y su trabajo diario. Se enfundaba en un overol azul y escribìa durante el dìa y en la noche guardaba con llaves sus escritos. Un personaje difícil de descifrar, su hija dice que era tradicional que se bebiera sus orines. ¿Las personas o la