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| Rolando Gabrielli |
| Enviado por el autor desde Panamá, a quien agradezco enormemente. |
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Salinger, la muerte del pez banana Alejado tal vez por ùltimo de sì mismo, el talentoso y enigmàtico J.D. Salinger, decidiò partir finalmente a los 91 años y olvidar quizàs su famoso imborrable pasado literario, que los adolescentes norteamericanos y del mundo convirtieron en mito, lectura de culto. La literatura norteamericana ha perdido su principal mito. Fue como un rayo que iluminò una època con su obra emblemàtica-The Catcher in the Rye- y se consumiò en su propia luz, que se hizo expansiva màs allà de su voluntad. Salinger se borrò pùblicamente, no editò un libro por màs de 40 años hasta su muerte y se opuso a cualquier reediciòn no convenida, con la tenacidad de un guardiàn solitario refugiado en su cabaña en New Hampshire. Todo esto y màs, pelearse con los fotògrafos, pedir que retiren una pàgina sobre èl en Internet, querellarse contra un sueco que escribiò la segunda parte de El Guardiàn entre el centeno (The Catcher in the Rye) o El Cazador oculto, quemar las cartas de sus admiradores, forma parte de su historial kafkiano y de su bien ganada leyenda y reputaciòn de ermitaño, irreductible anacoreta. Esta leyenda es su vida real, por la que combatiò hasta el final de su existencia en solitario, inclusive contra una joven amante, la que vendiò unas cartas ìntimas contra su voluntad por la suma nada despreciable de 150 mil dòlares, hace màs de una dècada. Salinger, padre y filòsofo del silencio, se opuso tambièn a que El Guardiàn fuera llevado al cine y que cualquier palabra suya se imprimiera o registrara. Salinger, de origen judio polaco e irlandès- escocès, fue dueño de sus palabras hasta el final de sus dìas, no dejò que un punto y coma fuera a parar a una editorial. El legendario escritor, con màs de 60 millones de ejemplares vendidos de su Cazador oculto, editado en diversas lenguas, nos hizo ver, lo recuerda su representante ahora que ha muerto, que estuvo en este mundo, pero que no participaba de èl. Concediò una ùnica entrevista en su vida en 1974 y por telèfono al New York Times, periòdico que dio la primicia de su muerte y que lo calificò en su tiempo: un sacerdote del |