A
pesar
del
sudor…
Si
el
valor
pudiera
prescindir
del
miedo
sería
menos
espeso,
menos
grave
y
vejatorio,
pero
el
sudor
es
llanto:
espiral
donde
se
urde
lo
que
irrumpe
desde
afuera.
Dónde
están
los
que
predican
en
los
portales
de
la
risa.
Abro
las
jaulas
y
echo
a
volar
las
llaves
¡basta!,
¡vengan
a
buscarme!
No
sé
cómo,
en
qué
momento
del
día
o
de
la
noche
me
he
escapado
de
ser
como
son
los
que
no
duelen.
En
qué
calidad
de
fuerza
intento
de
un
solo
golpe
romper
o
romperme
en
pedazos
para
armarme.
Si
recordara
la
mesa
con
flores
que
sollozan,
su
frutera
de
objetos
recién
imaginados,
la
caoba
mustia
que
añoraba
el
bosque
y
su
única
pata,
que
anochece
enclavada
en
el
centro
de
una
máscara,
me
dejaría
caer
por
sus
aristas
mientras
el llanto
sudo;
los
mismos
sudores
que
de
niña
me
empaparon
de
sed.
Si
me
apoyara
del
árbol
de
ese
ayer
que
no
se
deja
trasladar
a
la
palabra
empeño
si
recordara
la
raíz
sonante
en
el
descuido
de
la
tierra,
la
sembraría
en
el
dorso
de
mis
ojos
como
he
sembrado
el
rizoma
que
comba
el
aullido
de
la
muerte
o
su
evidencia
en
una
carcajada.
Si
el
pie
que
ha
falsificado
desliza
el
volumen
de
una
vida,
alguna
vez
ha
de
calcularse
cuánta
capacidad
se
pierde
cuánto
espacio
cuánta
libertad...
cuando
silben
los
labios
fidedignos.
Cuando
se
crispen
sobre
el
péndulo
-lenguaje entre
las
sombras-
los
ojos
de
la
lámpara
inventarán
las
manos
un
cuello
para
estrangular,
y
por
supuesto,
ha
de
dolerme
todo:
el
pulmón,
el
cuero
cabelludo,
el
empeine,
la
libido…
la
tierra
también
me
dolerá,
la
pisada
que
suplanta
el
viaje
dolerá
las
voces
que
apenas
se
escucharon
dolerán
el
aire,
el
equilibrio,
la
mudanza,
dolerán...
Dolerá
el
tuétano
del
humo,
y
sobre
todo,
me
dolerá
el
cristal
que
ha
permitido
al
sol
el
paso
del
veneno
que
deja
la
calle
sin
memoria.
Cuando
se
crispen
sobre
el
péndulo
-lenguaje entre
las
sombras-
los
ojos
de
la
lámpara,
se
hará
la
noche
eternamente
oscuridad...
pabilo
de
las
horas.
--------------------------------------
Andar
la
noche
Andar
la
noche
en
largura
de
colonias
abrir
sus
válvulas
de
insectos
deslizarse
a
la
antigua
habitación
donde
florecen
paramecios,
reencarnados
ancianos
borrachos
de
criptografías,
ermitaños
y
misóginos…
Calar
las
hendiduras
en
que
germina
el
parásito
apacible,
esperar
que
la
hidra
crezca
mezclada
con
el
frío
-hueso
de
antiguos
cobayos-
abonar
la
raíz
al
precipicio
del
crepúsculo
cuando
a
la
oruga
del
primer
fantasma
comiencen
a
brotarle
alas.
Andar,
andar
la
noche
que
traspasa
el
polvo,
quedar
insomne
en
la
visión
que
tiembla
al
desleírse
en
lo
que
brota
de
los
ojos.
Si
aún
no
llueve
eternidad
en
la
obtusa
comisura
de
su
hangar,
se
curva
el
ángulo,
y
se
alcanza
infinitud
en
el
ascenso…
Andar,
andar
y
posponer
de
nuevo,
una
vez
más,
ese
declive
florecido
de
caléndulas
en
los
contornos
que
vagara
íntimamente
alguna
claridad
sinfín
a
oscuras
en
estoica
ignorancia.
Andar,
andar…
andar
la
noche
ameba,
y
luego
atrincherarse
en
esa
anchura,
en
esa
laxitud
resuelta,
inusitadamente
soplo
que
mueva
los
flecos
de
su
ley…
larguísima
pierna,
monumental
brazada,
cola
que
espante
la
tarántula…
Andar
la
noche
ingénita
con
sus
visiones
abrazar
el
esternón
de
la
agonía
pesar
la
conjetura
en
todas
las
señales,
tomar
el
tiempo
y
la
distancia
entre
los
brazos
subir
la
cuesta
del
dolor
en
su
placer
hasta
la
cumbre
franquear
la
barrera
al
equinoccio
sin
doblar
el
espinazo
que
nos
sirvió
de
puente.
Entonces
nacerán
de
nuevo;
el
rayo,
el
fuego,
la
fosforescencia…,
a
pesar
de
cada
apostasía
convenida
detrás
de
los
ocasos.
Andar
la
noche
y
su
tejado
en
que
pululan
flamantes
camaleones,
sedosas
y
brillantes
las
serpientes,
helmintos
de
azafrán
y
escarcha,
lagartijas
azules
y
esmeralda,
espantajos
florecidos…
Una
cuadrilla
de
búhos
amarillos
que
alisan
la
piel
de
los
espejos
conduce
a
la
morada
en
que
se
pierde
el
hilo;
sed
inmensa
de
gritar,
mover
las
manos
entre
mundos
de
bruma
y
aroma
de
majaguas.
Andar
la
noche
enroscados
en
su
velo
de
medusa,
y
así,
entender
la
muerte.
----------------------------------------------
Coyunturas
Cómo
sujetar
este
antifaz
que
resbala
recorriéndome
los
huesos
hasta
el
póstumo
grillete
de
la
espalda.
Cómo
acentuarle
las
facciones
si
se
escurre
y
en
otra
carrera
inteligible
en
que
apenas
soy
un
nudo,
su
garganta
me
arrebata
la
memoria
en
que yacen
laberintos
que
recurren.
Cómo
posponer
la
brevedad
en
el
tracto
de
las
sienes,
si
un
troquel
de
sombras
nos
dibuja
y
es
auténtico
ese
hueco
en
la
mirada.
Y
es
tan
torpe
este
latido
sin
la
máscara
que
se
funde
en
el
engrudo
de
mi
ser.
-------------------------------------------------
La
otra
La
otra
frente
a
mí
se
da
la
vuelta
y
una
torre
de
pájaros
colapsa.
En
su
cabeza
la
fecha
pierde
el
límite
permitiéndole
al
fin
que
sea
mañana.
Desde
sus
manos,
mis
manos
no
cesan
de
copiar
pájaros
muertos.
------------------------------------------------
De
cabeza
a
mis
pies
tendido
el
gato
(*)
Sobre
qué
viento
de
espejos
se
derrama
el
concierto
de
tus
brazos.
En
qué
bandeja
de
labios
descoyuntas
pájaros
de
besos
y
la
voz
cala
la
espesura
de
la
mnésis
en
tu
diente.
En
qué
puerta
estalla
el
nudillo
de
tu
lejanía
y
sobre
qué
pared
tu
sombra
se
detiene
a
vestir
los
agujeros
de
la
fuga.
Bajo
qué
ardorosa
palmera
se
desliza
fugaz
la
esperma
de
tu
aliento
ribeteando
con
su
aroma
el
cielo
húmedo
de
tus
almohadas.
Hoy
alumbro
con
el
cono
de
tu
ausencia
los
ojos
ambarinos
de
mi
sueño.
---------------------------------------------
Promesa
(*)
Te
buscaré
en
las
vértebras
del
hombre
del
retrato
por
la
espiral
del
tiempo
blanco
hueso
sin
límite
ni
juicio
hasta
el
dintel
de
la
muerte
con
la
última
mirada
de
tu
espejo.
Te
buscaré
jugando
en
la
intemperie
con
la
tarde
que
hoy
es
otra
mujer
bajo
el
perfil
de
antaño
y
el
pelo
de
mi
madre
haciendo
largas
ondas
en
los
parques.
Te
encontraré
de
nuevo,
dibujado,
ya
sin
prisa
detrás
de
un
abanico
donde
habitó
el
calor
en
un
sillón
de
mimbre
meciéndote
los
ojos.
----------------------------------------
Tarde
y
sin
bolero
frente
al
mar
Caminaba
sin
ti
en
el
pentagrama
con
mi
perversidad
a
flote
y
el
bolero
apagado
por
la
arena
revuelta
de
mis
pies.
Vino
de
pronto
el
mar
con
sus
deshoras;
escupió
sobre
mí
los
peces
que
volvieron
con
tu
olor
a
pegarse
en
las
paredes
de
mis
ojos.
Tus
hijos
y
mis
hijos
con
sus
perros
aullaron
nuestra
música,
vomitaron
la
bruma
entre
los
dos.
Somos
desde
ayer
los
que
no
estaban.
---------------------------------------
Down
to
haven
Dejará
de
acechar
al
viento
rojo
el
búho
que
mira
desde
mí
con
ojo
encandilado
-rainy
evening
in
town
after
the
sun-.
Volverá
la
luna
de
chaqueta
raída
a
taladrar
un
hueco
en
el
librero
donde
muere
un
apellido
y
se
amontona
el
polvo.
Llegaremos
muy
lejos
con
el
zapato
ebrio
de
buscar
y
el
candelabro
absorto
en
devorar
la
luz.
Tengo
la
pared
cansada
de
no
hablar
el
verso
amarillo
el
tiempo
roto…
…debe
ser
ya
muy
tarde
down
to
haven.
-------------------------------------------
“Que
nadie
me
mire
a
las
tres
de
la
mañana”
Jaime
Sabines
A
la
hora
en
que
no
duermo
A
la
hora
descocida,
cruda,
difícil,
en
que
el
ojo
descubre
otras
regiones,
no
quiero
me
vislumbre
(traviesa
providencia
una
mujer
de
grito
atornillado)
desenredar
pergaminos.
Paramecio,
crisálida,
polilla
animal
(plata
columpiándose
de
su
barbilla)
latiendo.
Que
nadie
avizore
mi
contar
la
brevedad
engendrar
figuras
lanzarlas
al
jardín
como
reyes
de
estopa.
A
la
hora
en
que
no
duermo
creo
centauros,
grifos
guillotinas,
abridores…
y
hay
miedo
en
el
menguante
cercenado
por
la
mancha
de
lumbre
detrás
de
mis
pestañas.
-----------------------
“La
eternidad
ignora
las
costumbres.”
Eliseo
Diego
De
la
perpetuidad
de
enarbolarte
(*)
A
Eddy
El
árbol
de
tus
huesos
con
sus
cuernos
afilados
resonó
en
el
hambre
como
música
extraña
creció
en
el
ala
de
la
sombra
atravesado
de
pájaros
y
capiteles
con
sus
sierpes
de
niños
huérfanos
con
el
talón
hendido
en
el
reloj
con
la
sonrisa
fija
en
el
pasado
con
la
mirada
torva
y
la
inocencia
incólume.
Crecimos
sobre
él
los
que
te
amamos
los
que
sin
perder
el
hábito
de
atesorar
lo
que
de
sobra
sabemos
sin
regreso
arracimamos
el
cariño
como
aves
rapaces
apartando
en
capítulos
las
tardes
con
sus
vueltas
los
mundos
entramados
de
azogue
y
aserrín
las
pantallas
de
vulnerabilidad…
Atamos
las
aristas
del
pasado
con
colores
ampulosos
y
prolíficos
por
los
cuatro
pasajes
del
amor
sin
tiempo,
para
no
claudicar
para
no
salirnos
del
empalme
de
tu
árbol
con
la
inercia
trepidante
por
las
oscilaciones
aguzando
el
oído
cerca
de
la
escarcha
en
el
ligero
trino
de
lo
que
no
vuelve,
abrimos
el
libro
de
las
estaciones
que
se
coagula
en
lo
alto;
tú,
yo,
los
tejados
amarillos
vistos
desde
Dios
con
las
chimeneas
de
trompas
de
elefante
con
sus
gatos
floreados
cascabeleando
con
tejones
de
azúcar
y
sus
canalones
esperando
la
lluvia
de
los
tiempos.
----------------------------------------
“Hay
un
lugar
que
yo
me
sé
en
este
mundo,
nada
menos…”
Vallejo
A
la
vida
soñada
quemando
el
sol
de
los
espejos
(*)
Se
le
fueron
los
zapatos
a
perecer
en
el
afán
y
por
el
uso
perdieron
por
el
uso
no
encontraron
señales,
y
en
la
ruina,
un
solo
parque
que
afilaba
el
rastro
con
dolor
de
vida
señalaba
el
sitio
a
donde
nunca
llegaremos.
Muerte
andada,
andada
muerte,
a
tranco
sobre
el
pavimento…
ese
lugar
en
que
se
abre
una
gran
boca
de
miedo.
Ya
la
luz
que
no
recuerda
a
nadie,
vino,
desde
el
fondo
de
tus
zapatos
niños
a
traerte,
a
colocar
peldaños
a
la
sombra
de
tus
pies.
Como
un
caballo
sin
más
metáfora
que
el
torso
roto
una
maqueta
de
su
anatomía
salió
de
los
espejos;
bebió
la
brevedad,
el
límite
para
buscar
el
blanco.
No
hay
lugar
en
el
mundo
para
tus
pies
que
fueron
desde
mis
pies
cansados
a
buscarte
en
la
fuente
del
temor
a
la
luz
para
ninguno;
luz
unigénita
del
que
ya
me
abandonaba
desde
siempre,
esa
que
bañaba
las
preguntas,
los
cuartos
vacíos,
el
acaso.
Crecieron
las
raíces
de
tus
pasos,
buscaron
el
sueño
entre
los
muertos
sin
rostro
en
el
sosiego
buscaron,
bebieron
de
la
sed,
de
las
razones
subieron
la
escalera
de
la
lágrima
rompieron,
¡ay
de
ti!,
sombra
de
mi
sombra,
la
máscara
en
que
tu
ojo
se
apagaba.
El
sol
que
no
sabía
de
nosotros
que
no
supo
de
ti
ante
mi,
encontró
tu
boca,
mi
boca
esquiva
en
un
rincón
sin
violencia,
tu
rígida
inocencia
paseada
por
la
noche
hasta
tu
yo
en
la
pacífica
muerte,
en
la
muerte
inequívoca
en
que
no
tenían
cabida
más
que
tu
ojo
y
tus
zapatos
con
el
afán
de
buscar
y
buscar
la
calle.
Bajo
el
llanto
permeable
de
tu
lágrima,
mi
lágrima
hueca
por
el
cristal
del
fuego
mataba
la
lumbre,
la
vida
que
soñaba,
quemaba
el
sol,
rajaba
las
cometas,
y
la
fuente
donde
no
había
agua
caía
sin
vida
ante
nosotros.
Yo
que
no
soy
la
misma
que
miraba,
desde
el
sueño
partir
el
tren
de
tus
zapatos
señalaba
con
el
índice
tronchado
por
la
filantropía
tu
alma
helada,
huyendo…
Poema
premiado
en
el
Certamen
Internacional
de
Poesía
César
Vallejo,
Londres,
2007
------------------------------------
ME
NIEGO
He
estado
a
punto
de
emblanquecer
como
los
ángeles
cuando
el
labio
con
que
soplo
el
talco
de
los
días
borraba
la
esfera
del
reloj
cuerpo
de
pájaros
que
aún
me
late.
He
estado
a
punto
de
salir
volando
en
el
ala
lenta
de
las
hojas
que
espera
una
mano
sin
nombre
llenando
crucigramas
en
la
inercia,
sin
profanar
la
mansedumbre
retenida
en
la
blandura
de
la
espalda.
Un
rumor
de
secretos
detrás
de
cada
puerta
me
lleva
por
las
calles
sobre
pies
de
plegarias
con
zapatos
de
viento
conmovido
apagando
los
pequeños
incendios
de
la
tarde…
pero
yo
me
niego
me
niego
a
ser
un
ángel.
----------------------------------------
El
siguiente
poema
sirvió
para
enmarcar
la
exposición
de
fotografía
“Cautivos
del
tiempo”,
del
fotógrafo
Roberto
González
Luis
en
Bilbao
y
ha
sido
traducido
al
euskera.
Del
tiempo
aquel
(*)
Recorto
pedazos
de
paisaje
en
el
tiempo
preciso
para
darles
esa
emoción
del
ave
de
alegre
corola
que
aleteaba
perdida
en
el
tronco
de
aquel
árbol
cuajado
de
majaguas
este
juego
de
volver…
Y
la
serena
compostura
de
esos
pájaros
de
ayer
posados
en
el
agua
perfectas
criaturas
que
soñaron
sus
vuelos
de
hoy
en
la
temprana
luz
que
los
aroma
cautivos
del
tiempo
aquel.
---------------------------------------------
Es
muy
tarde
(*)
Apaga
la
ciudad
y
deja
esta
calle
de
palabras
deslucidas
con
sus
noches
de
alfabetos
y
de
moscas
en
los
tejados
un
gato
y
el
chasquido
de
las
sombras
que
devoran
los
últimos
despojos
de
las
líneas
que
trazamos.
Ya
la
luz
es
un
recuerdo
donde
el
claro
abanico
despuntaba
y
el
aroma
del
jazmín
rueda
del
templo
de
una
hoja
de
papel.
Es
muy
tarde
en
la
ventana
rodeando
el
cielo
de
mármol
y
las
sombras
que
formamos
se
comban
de
frío
en
la
pared.
------------------------------------------
Llanto
por
unos
zapatos
muertos
(*)
Estoy
llorando
en
el
paño
roto
de
la
noche
y
mi
niñez
que
ahora
no
me
entiende
reniega
de
mi
llanto.
Estoy
inmóvil
y
desnuda
frente
a
la
oscuridad
del
viento
encendiendo
una
vela
blanca
al
alma
de
mis
viejos
zapatos
muertos.
Estoy
enferma
de
sueños
sin
fuentes
contagiada,
de
esa
terrible
y
blanca
pena
de
saberme
cierta
sin
vestidos
de
ayer
en
pleno
vuelo.
Estoy
llorando
ahora
por
la
sombra
increíble
de
mi
propia
lágrima
por
la
hoja
en
blanco
sin
sonrisa
por
la
ausencia
de
todos
los
discursos
viajando
en
el
tren
de
tan
poca
memoria.
Estoy
alumbrándome
de
antiguas
lunas
del
sucio
brillo
en
aquellas
farolas.
Estoy
llorando
la
fijeza
del
tiempo
posada
en
el
renglón
que
me
aprisiona.
Poema
publicado
en
la
7ma
Edición
de
la
Nueva
Poesía
Hispanoamericana
Lord
Byron
Ediciones
2004
--------------------------------------------
Esperando
la
lluvia
No
eran
festones
calcinados,
ni
salamandras,
ni
murciélagos
sino
tus
manos
esperando
la
lluvia.
Y
la
figura
exprimida
varias
veces
se
te
secaba
al
sol
en
un
sueño
en
que
también
se
marchitaban
otros
sueños.
Con
tantas
diferencias
como
granos
de
arroz,
o
como
cáscaras
tus
manos
de
pájaros
sueltos,
tus
anillos
de
afilar
los
dedos,
el
torso
opíparo
de
volúmenes,
y
los
cabellos
duros,
como
diablos
disecados
que
ahuyentaban
la
brisa:
la
mirada
de
puñal
también
se
te
secaba.
Te
digo
que
no
no
eras
todavía
aquel
adiós
que
profesabas,
ni
la
idea
imprecisa
que
se
tiende
a
retomar
el
hilo
que
la
puede
acompañar.
Con
los
pies
impasibles
al
frente
de
todos
los
desdenes
recordados…
eras
tú
mismo
sin
tu
yo,
en
una
oscuridad
casi
distinta,
en
el
punto
más
fiel
de
la
prolongación,
en
la
línea
exacta
entre
los
dos,
o
los
tres,
o
los
cien
que
ya
no
eras
o
que
te
habían
abandonado
tal
vez
para
siempre.
Y
la
sombra
invisible
que
ansiaba
levantarte
inútilmente
entre
mis
grandes
ganas
de
llorarte
se
dejaba
caer
en
tus
pies
asidos
al
veneno
de
tu
transpiración.
Te
digo
que
no,
no
eran
pedazos
de
recuerdo,
ni
puentes
levadizos,
ni
siquiera
esas
serpientes
que
alguna
vez
se
enredaron
en
la
partida
que
jugamos
sin
terminarnos
aún
las
ganas
de
ganar
la
antigua
apuesta;
eran
tus
pies,
zapadores
sin
voz,
los
que
nunca
obtuvieron
el
recuerdo
exacto
del
paisaje,
de
la
salida
del
interminable
hilo
de
la
planta
que
no
deja
de
crecerte
dentro
a
pesar
de
tantas
muertes
atroces
y
silencios
que
alguna
vez,
en
las
casas
subterráneas
encontraron
el
bulbo
en
que
las
viudas
negras
se
escondieron
en
invierno.
Te
digo
una
vez
más
que
no
que
no
eran
raíces,
ni
carajuelos
encendidos,
ni
quelonios
agujereados
esculcando
la
arena;
no,
eran
apenas
tus
pies
desgajados
y
mudos
esperpentos
de
arena
escrutando
la
tierra
para
desenterrar
los
bulbos
de
los
lirios;
para
desplazar
escarabajos
de
órganos
duros
y
ardientes
y
profanar
las
venas
crecidas
de
perdones
que
no
habías
cruzado
nunca.
..
No
había
visto
tus
muslos
torcidos
brillando
al
sol
pero
los
paseaba
con
la
mano
herida
de
recorrer
tus
espinas
con
el
dolor
de
la
piel
cosida
al
momento
sobre
aquellas
jicoteas
puntiagudas
y
verdes
que
comenzaron
a
salírsete
del
cuerpo,
tanteando
el
rastro
de
las
bibijaguas
por
las
grietas
en
que
el
amarillo
de
la
carne
se
dejaba
descubrir
chorreado
de
sudores
en
la
cicatriz
errante
de
tus
cristales,
de
aquellos
cristales
que
por
fin
trajeron
de
una
vez
el
agua
para
dejar
el
brillo
de
tu
cuerpo
debajo
de
un
árbol
y
hacerte
de
aire,
un
aire
deforme,
doblado
en
las
puntas
de
todos
tus
dedos
y
traspasado
el
recuerdo
de
todos
tus
anillos...
Un
aire
ceñido
a
la
periferia
recelosa
de
tu
oído,
de
la
masa
inconforme
que
miramos
perderse
debajo
de
la
sombra;
un
aire
que
suena
en
los
huesos
quebrados
de
los
insectos
y
espanta
las
confesiones
de
todas
tus
bocas
para
dejarse
llevar
en
la
plaga
de
la
lengua,
con
los
acentos
que
burlan
la
sonrisa,
hasta
la
débil
esperanza
de
la
lluvia.
---------------------------------------------------------
La
calle
La
calle
es
un
burdel
donde
las
horas
toman
cuenta.
El
vagabundo
gris
a
un
paso
de
anotar
la
despedida
recupera
el
mortecino
brillar
de
las
farolas.
Se
alarga
la
calle,
en
su
desdén
se
pierde
la
visión
hasta
tocar
el
fin
del
mundo
a
estribor,
bordea
la
primera
estrella
las
grutas
sin
salida,
el
precipicio
en
que
un
fantasma
envenenado
duele
en
la
mujer
que
busca
un
puente
y
la
razón
fracasa.
La
calle
es
un
dolor,
una
punzada
donde
confluyen
las
premoniciones
un
corazón
cansado
que
envejece,
su
melodía
sin
voz
se
lleva
las
últimas
raigambres…
Sueña
la
calle
su
primer
bostezo
entre
viejas
fachadas
de
edificios.
----------------------------------------------
Como
un
ángel
muerto
Abre
el
agujero
enfrenta
el
desabrigo,
tiembla
el
poema
tiembla
como
un
ángel
recién
nacido
frente
a
los
bancos
alineados
que
aguardan
fríamente
Se
lo
lleva
una
ausencia
repentina
como
de
sombras,
como
de
miedos
con
rostro
desnudo
habitando
otras
bocas
desprovistas
de
palabra
y
cielo.
El
poema
siente
el
compromiso
la
incertidumbre
de
salir
a
escena
con
la
luz
en
los
brazos
con
las
alas
abiertas
Un
crepitar
de
la
palabra
próxima
al
llanto
le
oprime
el
pecho
duele
en
cada
verso
en
el
hueso
endeble
del
momento.
Con
la
púa
clavada
en
el
costado
sin
maquillar
el
vuelo
sale
del
vientre
salta
arriesga
su
sendero
en
la
cuerda
de
una
hoja
Ya
no
tiembla
A
su
paso
piedra
terrible
el
silencio...
Como
un
ángel
muerto
el
poema
cae
como
un
ángel
muerto.
----------------------------------------
No
soy
yo
Porque
el
mar
se
ha
quedado
putrefacto
en
otra
orilla,
yo
inconforme,
con
mis
párpados
ceñidos
al
calor
y
al
verde
claro
de
una
isla,
de
un
fulgor,
estas
plumas
que
han
crecido
en
mí
ya
no
me
bastan.
Lloran
también
en
mí
todas
las
castas
-y
la
ciudad
de
papeles
recortados
para
ser
lo
que
no
quiero
en
el
destierro
de
mi
misma
en
esta
calma
de
mis
pies
que
acampan
en
el
nido
de
otro
mar
que
no
me
busca.
No
soy
yo
la
que
miraba
en
el
cielo,
desmembrado
el
impudor,
la
costumbre
no
soy
yo
la
que
nadaba
dormida,
ciertamente
toda
el
agua
sin
errar
un
solo
pie
o
un
solo
brazo
en
el
silencio
que
me
amaba
hasta
saber
de
memoria
mis
latidos
yo
sus
polvos
y
sus
marcas
en
el
ruido
con
las
cuerdas
de
estos
dedos
que
bordaban
los
manteles
sin
saber
de
despedidas
ni
nostalgias.
Esa
voz
que
ahora
me
suple
y
su
sombra
indefinida
en
la
dureza
de
un
adiós
luego
me
canta.
Ha
llamado
inútilmente,
en
secreto
a
los
fantasmas
de
la
piel
que
la
olvidaron.
Y
la
máscara,
que
a
veces
me
sonríe
con
una
risa
empolvada
con
una
mueca
de
niña
con
unos
ojos
lejanos
clavados
en
la
playa
que
fue
suya,
en
la
calma,
que
busca
los
precipicios
para
gritar
en
silencio
con
el
eco
desdoblando
la
caricia
deseada;
de
una
ola,
de
una
huella,
en
las
agrias
baldosas
de
estos
pies
que
ayer
buscaban
su
justo
lugar
entre
las
cosas
y
hoy
desean
conciliarse
con
sus
antiguas
pisadas.
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Tengo
lluvia
en
las
manos
No
hay
más
vida
ni
más
muerte
solo
lluvia
en
las
manos;
no
hay
más
voz
que
su
voz
en
los
cristales
de
agua
viva
ni
más
cuerpo
que
su
cuerpo
en
el
deleite
de
esta
estrofa
mojada
acariciando
tréboles.
No
hay
más
vuelo
ni
más
risa
que
beber
sus
esmeraldas;
ni
otro
hechizo
que
no
sea
la
sorpresa
en
el
húmedo
poema
de
su
llanto
ni
alegría
ni
dolor...
en
las
plantas
de
este
cielo
hay
luz
cobijándome.
No
hay
más
barcos
ni
más
puertos
que
esta
lluvia
en
las
manos
entre
verdes
diluidos
y
azabaches
que
ruedan
por
el
frío
receloso
de
las
fuentes
donde
la
luz
del
agua
esclava
palidece
ante
otra
luz
del
agua
libre
que
rueda.
No
hay
más
día
ni
más
noche
solo
lluvia
y
los
corceles
del
viento
en
jubileo
sus
llameantes
flores,
sus
metales
vagan
seducidos
en
el
tiempo
y
este
ramo
de
lluvia
en
mis
manos
se
abre
de
miradas.
No
hay
más
reino
ni
más
reina
ni
más
corona
ni
cetro
que
la
gloria
indefinida
de
la
lluvia
de
alabastro,
de
violines
de
pisadas
y
de
espejos
y
la
mano
del
agua
acariciándome.
--------------------------------------------------
Súplica
Déjenme
entrar
allí
donde
pastan
las
hormigas
de
otros
cuerpos.
No
me
cierren
las
puertas
donde
muero
sin
olor
a
poema
sin
reloj
sentada
en
el
último
banco
de
mis
versos.
Déjenme
entrar
allí
donde
no
hay
bruma
en
la
palabra
donde
mi
cuerpo
siente
el
equilibrio
de
los
ojos
despiertos;
allí,
donde
los
muertos
tienen
su
propio
corazón
latiendo.
Déjenme
entrar
allí
no
me
nieguen
el
agua
de
una
estrofa
para
calmar
la
sed
de
tantos
sueños.
------------------------------------------------------
Desnuda
4
Me
niego
a
vestir
las
medias
rojas
que
vuelan
desinfladas
en
el
asta
de
mi
ayer.
Me
niego
a
vestir
cualquier
verano
sobre
el
cuerpo
de
mi
cuerpo
que
me
arropa
sin
piel.
Estoy
a
punto
de
crecer
de
ser
sentencia
en
la
memoria
de
mis
pies
en
la
fragua
del
estío
anunciando
las
puntas
de
los
dedos,
y
mis
pies
van
horneándose
al
calor
de
las
pisadas,
brillantes
destinos
que
se
abren
como
palomas
de
maíz.
Viajo
desnuda
sin
dolor
sobre
cálidos
templos
aferrados
a
la
tierra,
llevo
el
peso
de
mi
estirpe
sobre
el
arco
de
mis
pies;
mis
vidas,
mis
germinaciones
el
cuerpo,
limpio
y
sedoso…
experimento
cada
sobresalto.
Llevo
la
feliz
tarea
de
abrir
el
arca
de
otra
piel
de
hurgar
en
su
linaje
de
beber
el
licor
de
otra
pisada.
Me
llama
la
raíz
la
ceiba,
la
lechuza,
el
fuego
de
la
selva…
El
tiempo
y
sus
aves
me
codician,
el
barro
de
los
días
se
cuece
en
el
horno
de
mis
pies.
--------------------------------------------
Herrajes
No
sirvió
hilvanar
o
pegarlo
en
el
botón
clavarle
los
latidos,
anclarlo
zurcirlo
al
pizarrón
amarrarlo
al
cordón
de
la
lámpara.
Tampoco
el
atarle
a
otro
cuerpo
a
otro
disfraz
sin
lentejuelas
ni
alucinaciones.
De
nada
valió
fijarle
estopa,
alacenar
guijarro
en
el
motor
de
la
lengua
cortarle
longitud
a
sus
espejos
arrancar
de
cuajo
la
hélice
de
sus
alfombras
quitarle
las
paletas
y
los
remos
la
escoba,
las
alas,
el
reloj.
Cuando
la
música
dejó
de
gotear
y
en
el
silencio
la
espantada
de
sus
ojos
fue
una
ráfaga
un
relámpago
de
polvo
lo
absolvió.
--------------------------------------------
Borradores
V
Marchan
en
tropel
avanzando
en
la
ceniza
los
fantasmas
apagados
de
chaquetas
grises;
llevan
sus
cruces
a
la
espalda