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| Marcos Rodrigo Ramos |
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Cuando la Justicia tiene cara de mujer. Una mirada sobre el personaje de Susana San Juan en Pedro Páramo. Emir Rodríguez Monegal observa sobre Pedro Páramo que la novela “tiene una doble estructura: la narrativa, exterior y visible; y la emocional, que corre subterrá-neamente pero que es la que en definitiva decide todo.” (1). Focalizaremos nuestro estudio en esta última que se haya representada principalmente por la relación entre el protagonista y el personaje de Susana San Juan. Relación que nunca será tal dado que Pedro Páramo no logra su amor. Veremos como este personaje femenino aparece como metáfora de la limitación del poder que se cree absoluto representado en Pedro Páramo, personaje despótico, que sin embargo, pese a todos sus esfuerzos, no logrará ejercer potestad alguna sobre esa mujer. Ella es la que tendrá el poder sobre él y será la que determine su propia destrucción. No debemos olvidar que Pedro Páramo puede leerse también como un retrato simbólico de la opresión del campesinado por los terratenientes en el México de la revolución. Carlos Monsivais nos dice sobre el personaje: “es también la sucesión de mujeres y jovencitas que se entregan o se raptan, de enemigos ahorcados o ultimados a machetazos, de compra de criterios y voluntades, de acopio de tierras y de argucias” (2). A través de Pedro Páramo, Juan Rulfo “muestra los procesos de injusticia y despojo, las maneras en que la posesión de tierras y dinero se traducen en soberanía sobre vidas y honras”. (3) Efectivamente el terrateniente parece poder tenerlo todo, tierras, mujeres, poder; sólo no puede tener a Susana que, paradójicamente, es lo que más quiere en este mundo y que nunca logrará conseguir. Así Ricardo Estrada reconoce la importancia, dentro del texto, de Susana San Juan declarando que, de todas las historias que se cuentan en Pedro Páramo, la historia que corresponde a Susana San Juan, es el verdadero motivo conductor de toda la obra (4) La novela se inicia con la llegada de Juan Preciado a Comala con el pedido de su madre Dolores de reparación: “Exígele lo nuestro” (5). Será Susana San Juan la que haga pagar todas sus maldades a Pedro Páramo. Ella es la única mujer que él no llega a poseer. La conoce de niña, se le escapa para casarse con otro, cuando la vuelve a encontrar ya está loca y es inútil cuanto Pedro Páramo haga: Susana vive en un tiempo que él no puede compartir. Susana cumple la venganza que Dolores le encomienda a su hijo. En cierta medida Dolores tiene su doble en Susana, cuando la primera desaparece de la novela, es la segunda la que empieza a actuar, narrativamente hablando. En la primera parte, entretejidas en la narración de Juan Preciado, se presentan también, desde el punto de vista del autor omnisciente, escenas de la vida de Pedro Páramo entre las que está el surgimiento del amor por Susana San Juan. Rulfo ha incluido en la novela ciertos motivos retóricos con el objeto de facilitar el cambio de un mundo a otro; esto es, del mundo de Juan Preciado al de Pedro Páramo. El motivo del agua introduce al lector, por lo general, al mundo de Páramo. Para Cirlot el agua es el elemento que mejor aparece como transitorio, entre el fuego y el aire de un lado -etéreos- y la solidez de la tierra. Por analogía, mediador entre la vida y la muerte, en la doble corriente positiva y negativa, de creación y destrucción (6) Vemos así como el agua aparece como elemento dominante en las épocas de la “Comala viva” de Pedro Páramo, mientras que la sequedad parece ser lo dominante en la “Comala muerta” que recorre Juan Preciado. Susana “aparece” de distintas maneras en la novela. Conviene distinguir entre los fragmentos en que está lo apartados en los que la “protagonista femenina” está presente directamente de las secuencias donde es llevada al enunciado por otras personas, mediante su habla o su memoria. En las secciones con directa “presencia” de ella, en las que ella actúa, habla, piensa o siente aún cuando sea desde la tumba, ella dibuja imágenes de sí misma; así mismo sus interlocutores, y a veces el narrador, contribuyen a su caracterización, a su construcción. En otras partes, ella es vista, escuchada, imaginada y representada a través de otras personas, ante todo por Pedro Páramo. Vemos así que, por momentos, Susana se tiñe de matices divinos, no porque lo sea en los hechos, sino en la perspectiva ofrecida por Pedro Páramo. La aparición de Susana mueve a Pedro a una atmósfera surreal, casi divina: “A centenares de metros, encima de todas las nubes, más, mucho más allá de todo, estás escondida tú, Susana. Escondida en la inmensidad de Dios, detrás de su Divina Providencia, donde yo no puedo alcanzarte ni verte y adonde no llegan mis palabras” (7). Es una criatura angelical sólo en la mente del protagonista. En la serie de los mencionados apartados de presencia inmediata de Susana se dejan observar dislocaciones en el orden cronológico. Susana habla en el primero de ellos, ya enterrada, “muerta”, su voz se escucha desde la sepultura. En los fragmentos subsiguientes de la cadena aún está viva, en el último se muere. No obstante, el fragmento del primer gran monólogo de Susana, es uno de los fragmentos más importantes y no es fortuito que esté antepuesto y que sea la primera presentación directa de la heroína. Además, no se deja determinar con seguridad el orden temporal “real” de los sucesos de los que hablan sus recuerdos en estas secciones. Este procedimiento, que aparece a lo largo de todo el texto, es justificado por Noe Jitrik de la siguiente manera: “en la novela de Rulfo la narración, al avanzar mediante un sistema muy complejo de retrocesos, rompe la linealidad temporal. El resultado es una malla de líneas que no diluyen una acción llena de sentido desde el punto de vista histórico pero que proponen sobre todo una experiencia del tiempo tratado como un objeto de conciencia, incrustado en una memoria, fijo como una estampa o como un traumatismo cuyas raíces se están investigando. El retroceso, el racconto y la fragmentación son formas de la recuperación de esa memoria.” (8). En este caso, los elementos dispersos cronológicamente no impiden que el lector pueda reconstruir la historia y “al mismo tiempo permite que se traspase a otras conciencias, la de los lectores. La imagen se objetiva de este modo y se muestra en sus significaciones esenciales. (9) También muchas veces no se puede decir si partes de sus locuciones representan recuerdos o imaginaciones, por ejemplo si ella recuerda o se imagina escenas de amor con Florencio cerca del mar. En la segunda parte de la novela Juan Preciado puede oír la voz de Susana, que está enterrada en una tumba cercana. Así el autor ha sabido unificar los dos mundos que habían permanecidos separados, Juan oye, de labios de Susana, parte de la historia Luego su monólogo será comentado, o referido, por él y Dorotea. En la segunda parte hay toda una zona de vida de Pedro Páramo que sólo había sido eludida al comienzo y que ahora se pone en evidencia, es su amor por Susana San Juan. A la vez Susana desde su propio punto de vista está enredada en una historia que nada tiene que ver con Pedro Páramo y que lo excluye. Es la historia de sus incestuosas relaciones con su padre, Bartolomé San Juan. La clave de la locura de Susana deriva de de cierto acontecimiento traumático que luego detallaremos. Vemos así una temática recurrente del autor, como dice Luis Harss“En Rulfo hay casi siempre recriminación y rencor entre padres e hijos, se desgarran mutuamente aún cuando tratan de ayudarse (10) Susana era una compañera de juego de infancia de Pedro Páramo con la que se bañaba desnudo en los arroyos del campo. Susana- “imagen etérea que lleva siempre en el recuerdo como un resabio de la inocencia perdida, un anhelo de imposible felicidad” (11)- es una muchacha frágil y sensual. Perdió a su madre cuando era joven y luego la traumatizó su padre, Bartolomé San Juan, un minero empecinado en la búsqueda de un tesoro. En cierta ocasión su padre la obligó a descender en una mina oscura en busca de oro y se encontró con un cadáver. De esa experiencia traumática regresó muerta de espanto, y para empeorar las cosas, de adolescente se enamoró de Florencio, con cuyos brazos apasionados se ha pasado soñando la vida entera. A Florencio lo matan por orden de Pedro Páramo. Desde que enviudó Susana vive con su padre solitario, que se la ha llevado a un pueblo minero para que olvide viviendo en un clima incestuoso que se sugiere a través de indirectas y gran cantidad de indicios. Después de treinta años de ausencia, completamente arruinado, el viejo acepta que lo aloje Pedro Páramo, quien a cambio le exige la mano de su hija. Con esto Pedro Páramo firma su condena. Susana se convierte en su mujer, pero sólo en el papel. Sus fascinaciones febriles se agravan. Por la noche se agita en la cama llamando a Florencio. Cuando muere, Pedro Páramo hace que las campanas de Comala repiquen durante tres días seguidos. Pedro Páramo quema sus posesiones, descuida sus tierras y pasa el resto de su vida dolorido por la muerte de Susana. El drama interior- en la medida en que lo hay- tiene sus equivalentes exteriores. Los ríos se secan, la gente se va. Es como si la existencia misma de Comala dependiera de un solo hombre. El poder de Pedro Páramo le había dado a la región cierta cohesión y estabilidad. Ahora que él ha caído el derrumbamiento es completo. Es notable ver como en la novela de Rulfo el paisaje cambia según los acontecimientos de los protagonistas. Cuando la tragedia aún no se aproxima, “el cielo era todavía azul” (12); mientras Pedro Páramo se rinde al desconsuelo por la partida de su amada, el espacio se carga de melancolía y desolación: “el día que te fuiste entendí que no te volvería a ver. Ibas teñida de rojo por el sol de la tarde, por el crepúsculo ensangrentado del cielo” (13). El antiguo paraíso de Comala se convierte en infierno al no lograr el amor de Susana. Este amor fracasado e irrealizado arrastra al protagonista a la muerte y, con él, a la desaparición del pueblo. La muerte de la muchacha, y por consiguiente la irrealización del plan amoroso, hunde a Pedro Páramo en la desesperación interior. Pierde definitivamente lo que más deseaba en la vida y la ilusión del poder ya no le sirve de consuelo. Se halla indefenso y paralizado frente a la tumba de su amada. Pedro Páramo pasa de victimario a ser víctima. Su debilidad sobresale cuando el amor se genera en él. Pedro ama y sufre profundamente por Susana; es explicativo, al respecto, un comentario de Dorotea a Juan Preciado: “Él la quería. Estoy por decir que nunca quiso a ninguna mujer como a ésa. Ya se la entregaron sufrida y quizá loca. Tanto la quiso, que se pasó el resto de sus años aplastado en un equipal, mirando el camino por donde se la habían llevado al camposanto. Le perdió interés a todo…echó fuera a la gente y se sentó en su equipal, cara al camino” (14). Pedro Páramo mata a su padre, la secuestra y la retiene, pero no logra penetrar en su cuerpo ni en su mente. Susana se entrega a la locura para purificarse del pecado incestuoso y escaparse de una realidad violenta. Recorre caminos oníricos, erige un mundo idealizado donde consuma un amor inexistente con Florencio y con él sueña con recuerdos ilusorios: los días en la playa sumergiéndose en el agua. Cirlot expresaba acerca del agua que “la profundidad transparente, al margen de otros significados, tiene precisamente el de comunicación entre lo superficial y lo abisal, por lo que puede decirse que el agua cruza las imágenes. (15) Efectivamente vemos que en muchos de los sueños de Susana predomina el ambiente marino, lugar en donde lo preponderante es el agua, agua que parece separar, o ser margen de dos mundos, el real de la locura y la soledad, y el del sueño y el amor. Susana San Juan proyecta su vida en el recuerdo de un amor apasionado, un amor que probablemente nunca haya sido más que un sueño y que, sin embargo, le produce inquietud y desesperación. El abandono a un amor irreal, o simplemente al deseo de amar, es el medio para curar los traumas del pasado y la violencia paterna. Ella se escapa al reino de las alucinaciones y al final se abandona a la muerte. Sólo Susana despierta sentimientos de ternura y de amor en Pedro Páramo. Para propagar su dominio total, únicamente le falta ella: “Esperé treinta años a que regresaras, Susana. Esperé a tenerlo todo. No solamente algo, sino todo lo que se pudiera conseguir de modo que no nos quedara ningún deseo, sólo el tuyo, el deseo de ti”. (16) Pedro Páramo se estremece frente a la muerte del amor absoluto. Susana lo ha derrotado. Ha sido el único personaje que ha conseguido dominarlo en lo más íntimo. Pedro Páramo se ha entregado a un amor fiel que jamás decayó con el paso de los años; por el contrario, vivió siempre en la espera del regreso de su amada. Tiene hacia ella un amor unilateral e incondicionado sin obtener nada a cambio. Esta entrega total al sueño amoroso lo aleja de la realidad. Pedro pierde conciencia de su condición y abraza el mundo de la ilusión. Cuando despeja su mente y entiende que ya no queda remedio para recuperar ese amor, se ensaña contra Comala. Para Luis Leal el rencor de Pedro Páramo resalta en gran intensidad debido a que es el resultado de su frustración amorosa. Su amor hacia Susana, insatisfecho, le hace odiar todo lo que le rodea; su venganza consiste en destruir el pueblo entero. Pero se destruye a sí mismo. El odio que le tiene al pueblo le come las entrañas (17) Podemos concluir, por todo lo anteriormente expuesto, que queda por demás probada la trascendencia e importancia del personaje de Susana San Juan dentro de la novela, trascendente porque aparece como un símbolo de que nunca el poder será absoluto. La realidad retratada por Rulfo de ese México rural se parece mucho a la del campesinado explotado de tantas zonas de Latinoamérica sin tener que alejarnos tanto en el tiempo ni en el espacio. Pese a esta realidad, los oprimidos mantienen la esperanza. La derrota de Pedro Páramo, producto de Susana San Juan, puede leerse como la expresión de ese deseo de los oprimidos, que se saben explotados, de que los que tienen poder en base a corrupción y mentiras, a la larga caerán porque la justicia de alguna forma existe. Cualquier similitud con la realidad seguramente sea pura coincidencia.
CITAS BIBLIOGRÁFICAS (1) RODRÍGUEZ MONEGAL, Emir. “Relectura de Pedro Páramo” en Para cuando yo me ausente. Compilación de Juan Rulfo. México, Colección Narrativa Grijalbo, 1982, p. 246. (2) MONSIVAIS, Carlos. “Si, tampoco los muertos retoñan, desgraciadamente” en Para cuando yo me ausente. Compilación de Juan Rulfo. México, Colección Narrativa Grijalbo, 1982, p.302. (3) Ibid., p.302.
(4) ESTRADA, Ricardo. “Los indicios de Pedro Páramo” en Recopilación de textos sobre Juan Rulfo, La Habana, Centro de investigaciones literarias Casa de las Américas, 1995, p.113. (5) RULFO, Juan. Pedro Páramo. Colección Obras maestras de la Literatura Contemporánea. Barcelona, Editorial Seix Barral, 1985 , p.7 (6) CIRLOT, Juan Eduardo. Diccionarios de símbolos. Barcelona, Ediciones Siruela, 2000, p.70. (7) Rulfo, Juan. Pedro Páramo. ob.cit., p.15
(8) JITRIK, Noé. “Destrucción y formas en las narraciones” en Fernández Moreno, César, (Comp.) América latina en su literatura. México, Siglo XXI Editores, 1992, p.274. (9) Ibid., p.235.
(10) HARSS, Luis. “Juan Rulfo, o la pena sin nombre” en Recopilación de textos sobre Juan Rulfo, La Habana, Centro de investigaciones literarias Casa de las Américas, 1995, p.26. (11) Ibid., p.22.
(12) Rulfo, Juan. Pedro Páramo. ob. cit., p.12
(13) Ibid., p.20
(14) Ibid., p.96
(15) Cirlot, Juan Eduardo. Diccionario de símbolos. ob. cit., p.70.
(16) Rulfo, Juan. Pedro Páramo. ob. cit., p.68
(17) LEAL, Luis. “La estructura de Pedro Páramo” en Para cuando yo me ausente. Compilación de Juan Rulfo, México, Colección Narrativa Grijalbo, 1982 , p.265. |
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