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Laura Malosetti Costa
Tomado de Revista Ñ del 20 de agosto del 2005
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El sueño persistente de unir arte y vida

Tal vez un buen atajo para evitar el tedio de un inventario a la hora de pensar nuestras artes plásticas en los últimos sesenta años sea recuperar la memoria de aquella escena en 1945, para seguir la deriva de las novedades de entonces en la escena contemporánea.

Eran los días finales de la Segunda Guerra Mundial, se instalaba en la Argentina un clima de posguerra y se inauguraba el primer gobierno peronista. No había mucho espacio entonces, para las artes en Clarín, cuyo primer ejemplar se distribuyó el 28 de agosto de ese año. Sin embargo, desde los primeros números aparecieron noticias sobre un evento que el crítico de ese entonces -Félix Molina Tellez- veía más vinculado con la política que con distinciones de estilo o escuela: el Salón de Independientes. "El mismo se raliza como expresión rebelde ante la situación por la cual atraviesa el país", escribía el 27 de septiembre.

El artículo reproducía un cuadro de Emilio Centurión, "Objetivos extratégicos". Una madre famélica con el cadáver de su hijo en brazos avanzaba en un panorama asolado por los bombardeos. Era una imagen muy cercana a las que Raquel Forner venía realizando desde el estallido de la Guerra Cilvil en España, de fuerte tono antifascista. Ella también integró el Salón Independiente de 1945, junto a Antonio Berni, Juan C. Castagnino, Héctor Basaldúa, Luis Falcini, Santiago Cogorno entre otros. Las simpatías del crítico estaban sin duda del lado de esos artistas que desplegaban una figuración crítica "con plena conciencia de una labor en función de una militancia social".

Meses más tarde -en junio de 1946-, él celebra también como "signo del tiempo nuevo (...), yendo al encuentro de las masas para una consustanciación espiritual entre el pueblo y el artista", la inauguración del ciclo de pinturas en la cúpula de las Galerías Pacífico que había realizado el Taller de Arte Mural: Berni, Castagnino, Spilimbergo, Urruchúa y Colmeiro. Se abrían nuevos y amplios consensos en clave humanista, como demostró también la recepción entusiasta de las obras del brasileño Portinari en 1947, a la vez que se instalaba la discusión de valores estéticos en torno a la persistencia y renovación del arte figurativo.

Seis décadas más tarde, tras varios decretos de defunción de la pintura (en particular la figurativa), la discusión del tema no parece cerrada. Así lo demuestra el renovado interés en artistas clave de distintas formas de figuración crítica, como Antonio Berni, Carlos Alonso, Pablo Suárez o Carlos Gorriarena, y también las prácticas -sobre todo tra el estallido social del 2001- de acciones de los colectivos de arte en calles y muros urbanos.e dejar de mencionarse como una gran obra de arte público (aunque esté en un espacio privado) el mural dedicado a buenos Aires por Guillermo Roux. 

Si algo caracterizó las ambiguas relaciones del peronismo con las artes plásticas -que sin duda no fueron fluidas, pero tampoco de abierta censura- fue el aislamiento respecto de la escena artística internacional. Desde 1948, la revista Ver y Estimar, fundada por Jorge Romero brest en una clara oposición a la política cultural peronista, se orientó en el sentido de crear lazos que vincularan a los artistas e intelectuales vernáculos con las tendencias y problemas de la vanguardia europea y Estados Unidos, como también otros ámbitos latinoamericanos. Se fue forjando un clima de tensa expectativa respecto de las posibilidades de un arte nuevo, disruptivo, que estalló con extraordinaria fuerza a comienzos de los 60, cuando se sucedieron a ritmo vertiginoso movimientos y tendencias: el informalismo, el arte destructivo, la nueva figuración y el pop, sacudieron, en pocos años, el medio artístico no sólo en la "manzana loca" del Di Tella en la calle Florida de Buenos Aires, sino también en Rosario y Córdoba.

Fueron tiempos de renovación formal y exploración de fronteras y lenguajes. También se retomó la pretensión de fusionar arte y vida, convocando al público a incorporarse activamente en las obras. Los happenings como "La Menesunda" (1965) de Rubén Santantonin y Marta Minujín u obras como los "Bío Cosmos" de Emilio Renart que invitaban al público a integrarse en ellas, convocaron el interés de un público ávido de nuevas experiencias, que con frecuencia esperó en largas colas para poder recorrerlas.

Por otra parte, el sesgo político que signó el derrotero d de los 60 también se prstasde vanguardia a fines de los 60 también se propuso trasponer las barreras del mundo tradicional del arte y transformar la conciencia del pueblo. Baste pensar en la exposición de "Civilización Occidental y Cristiana" de León Ferrari en 1965 o "La Familia Obrera" de Oscar Bony en 1968, "Arte e Ideología. CAYC al aire libre" en la plaza Roberto Arlt en 1972, o el "Proceso a Nuestra Realidad" en el Museo de Arte Moderno y la Facultad de Derecho en 1973. Si bien fueron las expresiones extremas de un conceptualismo militante, las osadías formales de La Nueva Figuración y el informalismo se orientaron en el sentido de un agudo espíritu crítico. Es el caso por ejemplo de Luis Felipe Noé, Jorge de la Vega, Ernesto Deira, Romulo Maccio, Alberto Greco, Rubén Santantonín o Alberto Heredia.

Otros movimientos que marcaron una línea de intervención diferente habían surgido también en los años 40 y crecido en los márgenes del peronismo: la publicación del único número de la revista Arturo en 1944 (Carmelo Arden Quin, Gyula Kosiche, Tomás Maldonado, entre otros) señala el inicio de los movimientos de Arte Concreto Invención y Madí, inaugurando un camino distinto y radical de integración "arte-vida" que tuvo amplia proyección en la abstracción geométrica y el diseño. Tal vez podrían encontrarse con esta vertiente radicalmente no figurativa del arte desde el cinetismo y la abstracción geométrica (Julio Le Parc, Alfredo Hlito, Rogelio Polesello) hasta el desarrollo de nuevas tecxnologías.

Madí se presentaba gráficamente con un impactante fotomontaje de Gret Stern, quien junto a Horacio Cópola había introducido poco antes en Buenos Aires la idea de que la fotografía moderna era en sí una forma de arte. Esta es tal vez la novedad de los 40 que más se ha amplificado en la escena contemporánea. En los últimos años, el impacto del "Pop Latino" de Marcos López, las audacias de Kuroptawa o los usos inquietantes de impresiones fotográficas de Graciela Sacco, junto a la sostenida labor de Sara Facio, Juan Travnik, y el historiador Luis Priamo, señalan hitos en ese sentido.

Durante el primer gobierno de Perón se inauguró un tiempo de espectacularización de la política, de una retórica peronista en imágenes que se instaló como uno de los recuerdos visuales más poderosos de varias generaciones de argentinos: evocación de tiempos dichosos pata unos y de una imaginería autoritaria para otros. Luego de la destrucción violenta de esa imaginería tras el golpe de Estado de 1955, fue difícil recuperar críticamente esas imágenes, desmontarlas y volverlas íconos de la ambivalencia de un pasado político y cultural que reactivaba sus poderes a la sombra de la censura. Daniel Santoro es un artista que, haciendo uso de la ironía, trabaja en la construcción de una iconografía crítica del peronismo.

Nuevas Fronteras

La ironía, el humor, la caricatura política señalaron una de las vertientes más ricas de la historia del dibujo en la Argentina de las últimas décadas, en particular en los tiempos de represión y muerte fr la dictadura. Artistas gráficos como Quino, Fontanarrosa, Andrés Cascioli, Caloi, Sábat o Miguel Rep, crearon  hitos en una tradición que aún no suele pensarse dentro de la esfera del arte.

Mencionemos por último en esta ampliación de las fronteras tradicionales del arte, al diseño y las artes gráficas.  En su segundo número (29/08/1945) Clarín presentaba bajo el título "Cuatro malabaristas del trazo" a su staff de dibujantes y humoristas gráficos (Divito, Ko Ko, Lottito) pero sobre todo Andrés Guevara, el diseñador paraguayo que había dado a la publicación su moderno formato, tras haber diseñado diarios en Montevideo y Río de Janeiro. "Este arte idefinible que el lector, que no es técnico, aprecia en el diario sin saber dónde reside, se debe a Guevara", explicaba la nota, refiriéndose a un arte que no cesó de crecer en su significación, desde entonces.

Tomás Maldonado viajaba a Alemania poco después de la publicación del Manifiesto Invencionista, y a su regreso generó una cantidad de iniciativas decisivas respecto del diseño, como la fundación de la Editorial Nueva Visión o la creación de Axis con Carlos Méndez Mosquera y Alfredo Hlito. En los 60 fue relevante para el proyecto modernista el Departamento de Diseño Gráfico en el Di Tella: Juan Carlos Distéfano, Rivas, Juan Andralis y Rubén Fontana. Más tarde Jorge Romero Brest ciftó su esperanza de futuro en el Arte Fuera de Caja que diseñó con Edgardo Gimenez. Desde entonces se crearon la carrera de comunicación visual en la Universidad de La Plata y  y las carreras de diseño en la Universidad de Buenos Aires y en el Litoral. Los medios gráficos complejizan sus aspectos visuales y compiten con notables publicaciones virtuales. Todavía tangibles, en dos polos igualmente interesantes pero opuestos, se ubican hoy publicaciones como la intencionadamente austera revita de arte ramona (sin imágenes) y la exquisita Tipográfica, dedicada a la teoría del diseño y la tipografía.

Pero quisiera cerrar esta breve reflexión con unas palabras sobre la renovada capacidad revulsiva del arte, que aun en la escena contemporánea, en apariencia imposible de sacudir con un gesto estético, aparece mostrando su poder convocante. Uno de los hechos que más conmovió a la opinión pública en los últimos tiempos fue la muestra de León Ferrari en el Centro Cultural Recoleta en el 2004. Durante varias semanas se discutió en el país sobre arte, religioso, moral y derechos humanos, cuando nadie creía ya que una exposición pudiera empujar los límites del "mundillo artístico" y llevar sus cuestionamientos a las tapas de los diarios, a la t.v., a la calle. Por otra parte, las discusiones en torno a los memoriales del Holocausto, monumentos a los desaparecidos y la instalación de un Museo de la Memoria donde funcionó la ESMA no se han cerrado e implican un debate estético en relación con la ética y la política.

¿Es posible todavía aspirar a un arte que sacuda el tedio de las conciencias? El primer premio Petrobrás otorgado en la última ArteBA a la instalación del joven artista Axel Strachnoy, parece una apuesta en ese sentido, dirigida al interior de la institución arte, sus rituales y la lógica del mercado, esa enorme pila de basura que día a día elevaba un stand vacío, destinado a una obra que el artista "no había tenido tiempo de terminar", ocupado en colocar más y más alto el sitio donde se ubicaría su magnífica creación, podría pensarse como una nueva versión de aquel cuento infantil del traje del emperador, lanzada al centro de la feria de arte más importante del país.


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