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FILOSOFÍA

1- La verdad en la belleza - 2- La locura en la ciencia y en el arte - 3- El Rey Lear -

4- Hedda Gabler - 5 La psicología y la crítica

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JOSÉ INGENIEROS

LA PSICOPATOLOGÍA EN EL ARTE

Tomado del libro “La psicopatología en el arte” Elmer Ediciones, 1957

Conferencia pronunciada en 1899 en el Centro de Estudiantes de Medicina

5 – La psicología y la crítica

El arte es un fenómeno condicionado por la naturaleza y por la sociedad, en cada tiempo y lugar. Desde Taine hasta Guyau se ha completado ese concepto, que, sin ser totalmente nuevo, ha conseguido al fin penetrar en la conciencia de los críticos, otrora limitados a la rumiación gramatical y filológica, cuando no, a estudios biográficos cuya homogénea inutilidad oscilaba entre la diatriba y la apología.

Por un proceso natural, la crítica naturalista y sociológica ha tendido a integrarse con la psicología. En efecto, lo que se mueve en la naturaleza y en la sociedad, es el hombre; sus ideas y sus sentimientos nacen y actúan en función del medio, pero tiene por sí mismo, la virtualidad congénita del temperamento, impregnado por la herencia y expresado en el carácter.

Si los artistas han interpretado caracteres humanos, la crítica de éstos puede hacerse con el concurso de la psicología; y si esos caracteres no son normales, entrando como Lear, a los dominios de lo patológico, o manteniéndose en sus fronteras como Gabler, será de provecho oír el juicio de la patología mental para valorar sus méritos.

Así ha nacido una crítica médico-psicológica, cuyos primeros frutos atestiguan su importancia. Son memorables los estudios de Charcot y Richer sobre los demoníacos en el arte, continuados hasta hoy en la revista de sus discípulos: Nueva iconografía de la Salpêtrière. Algunos atisbos hay en los “problemas de la crítica contemporánea”, de Guyan y no pocas observaciones valiosas en El Hombre de Genio, de Lombroso, y en Degeneración, de Nordau. Los tipos criminales en el arte y en la literatura han sido estudiados por Ferri, Maus, Lefort y Alimena; los alienados por Ireland, Porena y Régis. Es interesante señalar que Shakespeare ha dado los materiales más copiosos para éste género de críticas, habiéndole consagrado monografías especiales Ireland, Renda, Zilno, Del Greco y D’Alonso. Los degenerados y criminales del infierno dantesco inspiran una bella monografía de Nicéforo; el profesor Dabove estudió algunos personajes sobresalientes de Moliere; Patrizi, los de Goncourt; Legiardi, Laura y Graf los de Manzoni; Laschi los delincuentes aristocráticos y financieros que actúan en las obras de Balzac, Lamartine, Zola e Ibsen; Longo los bandidos de Schiller y algunas siluetas femeninas de Ibsen; Pi Molist, la locura de Don Quijote, Salillas los delincuentes en la novela picaresca.

Los autores contemporáneos han sido objeto de particular atención, dado que muchos de sus personajes han sido inspirados por estudios técnicos de patología mental. En las novelas de Zola han buscado con provecho Lombroso y Ferri. Los personajes de Ibsen han sido estudiados por Geyer, desde el punto de vista médico. Schuré ha analizado la lucha entre el sentimiento y la voluntad en algunos tipos de Ibsen y Maeterlinck. Más recientes son las valiosas notas de Sciamanna, Sighels y Ferri sobre los tipos alocados y delincuentes de las obras de D’Annunzio.

Se dirá, y es justo, que la sociedad no se compone solamente de caracteres representativos, deduciéndose de ellos que no basta analizar el temperamento individual para comprender la historia. Pero no olvidemos que el arte no la ha reducido a un simple juego de caracteres, dando muchas veces una importancia primordial a los factores psicológicos colectivos.

Fue tan intensa la participación de las multitudes en la vida griega, que a nadie sorprende el sitio que ellas ocupan en el arte, ya contemplemos el libro nde la homérica Iliada, ya nos detengamos en la obra de sus trágicos mayores. Frente a los muros de Troya suele el juicio9 de la asamblea decidir la suerte de los héroes; en Sófocles y Esquilo son los sentimientos del coro los que orientan el desenlace de la tragedia. Después, por siglos, los hombres representativos ocupan lugar más eminente que las multitudes en las obras de arte y el análisis de los caracteres individuales es preferido siempre al de la mentalidad colectiva. Pero en los últimos años, como reflejo, acaso, de las concepciones sociológicas que agitan al mundo contemporáneo, las multitudes han vuelto a reaparecer en el teatro y en la novela, pesando con sus pasiones sobre el desenvolvimiento de los sucesos.

Frente a la literatura individualista, que Ibsen representa con personajes simbólicos como El enemigo del pueblo, se desarrolla una literatura social que procura afirmar los derechos de la sociedad sobre el individuo. Los dos géneros son profundamente realistas, los dos merecerían llamarse experimentales; la vida social es, en efecto, una lucha constante entre el individuo, que intenta romper en beneficio propio el equilibrio del conjunto, y la colectividad, que se esfuerza por subordinar al interés de todos las inclinaciones particulares de cada uno.

No entraremos aquí en definiciones, si justas, inoportunas, entre los fenómenos psicológicos colectivos y la particular  mentalidad de las reuniones accidentales que se llaman multitudes. Es seguro que aquéllos son normales y forman parte de la vida habitual de las sociedades, mientras que la segunda presenta caracteres verdaderamente anormales, en cuanto se traducen por resultados que no equivalen a los caracteres psicológicos de sus componentes.

Sólo podemos señalar, ya que el tiempo nos falta para su análisis, tres géneros de grandes multitudes que se mueven en las novelas de Zola. Germinal, episodio de la vida en las minas, muéstranos la multitud apasionada y por momentos criminal. La debacle pinta en sus páginas indelebles el contagio del pánico en un ejército en derrota. Lourdes exhibe los estragos que el fanatismo produce en las multitudes religiosas.

Hay en ellas completo material de observaciones para ilustrar las doctrinas sobre psicopatología colectiva expuestas por Taine, Sighele, Tarde, Le Bon, Rossi y tantos otros escritores que han sabido explorar la zona de interferencia entre los estudios psicológicos y los sociológicos. Pero también es legítimo pensar que esas doctrinas científicas pueden prestar un valioso concurso a la crítica, si ésta se propone fundar legítimamente la validez de sus sentencias.

Lo poco que hemos dicho basta para comprobar el tema de esta conferencia: el arte, en sus creaciones más expresivas, ha forjado grandes tipos psicopáticos cuyo análisis puede ser de utilidad para los cultores de la patología mental.

Así como tantos artistas contemporáneos han buscado en la ciencia una inspiración o un consejo, para poner más vida y más emoción en sus creaciones, no será inútil que los hombres de ciencia pidamos al arte su inspiración y su consejo, cuando ha sido arte humano y no hueco verbalismo de retóricos o de sofistas. Si el arte es digno de su nombre, será hermano siempre de la ciencia, completando con el vuelo de la imaginación los resultados fecundos de la experiencia. La verdad y la belleza son factores convergentes hacia la ideal perfección.

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