La
brasa
Amanece,
ensíllenme
el
caballo.
José
Gervasio
de
Artigas
(Palabras
en su
lecho de
muerte)
Trenzo
pueblo y
octubre
y la
imagen
con
fondo
negro
ardió,
incendió
mis
ojos.
El
caprichoso
se ha
marchado
nos
sorprende
la
mañana
del
día
después
el qué
vamos a
hacer y
su
escalofrío
en un
dolor
poblado
de Plaza
y
banderas
una
compañía
de
lágrimas
en el
Censo de
la
década,
con más
tristeza
que
habitantes
miradas
que
abrazaron
la
ceniza
del
llanto
Fui una
soledad
acompañada
creí que
estallaría
el alud
del
silencio
por la
Avenida
de Mayo
nadie
hablaba
sólo
caminaban
por el
medio de
la
calle.
Fuimos
el
pueblo
ensombrecido
sólo
nuestros
pasos
por
televisión
informaban
que
llegaría
mañana
no
quisimos
que Ella
estuviese
sola
y el
viento
del sur
ya
habitaba
en
Buenos
Aires.
Aquella
noche me
adormecí
imaginando
¿qué
haría
con éste
dolor
genuino
ahumado
en
hileras
de velas
blancas?
Y tomé
la
poesía
inconclusa
para
encenderla
aquí,
en esta
esquina
de papel
y mármol
Pedí
que no
se
apagase
la lucha
de los
desheredados
de los
manos
cuarteadas
de los
esperanzas
sin
motivo
de los
que ni
veríamos
en las
pantallas,
ni
tenían
cámaras
para
fotografiar
un dolor
tan
igualitario.
Con
ellos
compartí
el
inabarcable
silencio
de la
espera
en un
traspié
de la
historia
adonde
el dolor
nos
tatuó la
fe.
Mansa
comenzó
la garúa
que ya
se
vislumbraba
Y con el
aguacero
pasó
Néstor y
su
certeza
más que
a
despedirse
volvió a
despertarnos
Vamos
a andar
que aquí
no hay
ningún
muerto
es
pueblada
su
fortaleza
invisible.
Él será
el
fantasma
que no
equivoque
rumbos
junto a
ese
fantasma
marchará
Latinoamérica
y su
brasa
encendida.
En esa
lumbre
más que
llorarlo
vamos a
andar
y arderá
inextinguible
heredamos
un
sueño.
octubre
29 y
2010
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Canción
a
Leónidas
Poblet
Se
destiñe
su
recuerdo
lo
reinvento
y se
decolora
una y
otra vez
No
recuerdo
esa voz
que
cantaba
Amapolando
Sostengo
su
mirada
parda
en
lejana
profundidad
de
abismos
y ese
aire de
amapolas
que
regresan
con
guardapolvo
blanco y
asombros
a
repreguntar
sin
respuesta
cuando
el
viento
amapolea
y
tristeza
hoy que
ya no
recuerdo
su voz.
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la
palabra
sin
pinzas
Gracias
también
a
ustedes
que
siempre
escuchan
con una
paciencia
triste y
delicada.
Edna
Pozzi
Desprovista
de
raso y
cubierta
de
alpatacos
que no
se
detenga
la que
habla
desde
adentro
la que
instala
panfletos
en el
alma y
supura el
grito
que no
se
detenga.
Que sea
Palabra
corajuda,
lumbre y
malón
que no
amaine
su
cultrum
de ira
callada
sólo el
respeto
por
escudo y
ahora
libre,
que no
se
detenga.
Dejarlos al
borde
del
abismo
donde
habiten
buitres
que no
puedan
los
insultos
con sus
corceles
ni
breteles
que se fuguen
los
hipócritas y
permanezca
la
Memoria
que
no se
detenga.
Templada tu
ira,
borrón de
papel,
noche
del
universo
impotencia estaqueada
en la
pared de
la
tráquea
sin
abismo
ni
lágrima,
sin
alaridos,
sólo
escribe,
que no
se
detenga.
Que
ningún
dios mutile
tu grito
por
aquellos
que ya
no
pueden
ni
rezar.
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Pluscuamperfecto
Cuando
todo se
apacigüe
y la
nostalgia
recupere
la
frecuente
siesta
del
parral
el
destrozo
desnudo
del
invierno
resumido
en
rebrote
inoportuno
de
hierbas
y
ortigas
vagando
el
suspiro
amansado
en los
patios
el eco
fiel de
su risa
ya
reseca
su
lágrima
y
activa
la
custodia
pretoriana
de
silencios.
Cuando
todo se
apacigüe
sin
incendio
y sólo
reste el
intenso
pasar de
primaveras,
estaré
allí,
para
reconocerla
en todos
los
pasos
en la
mansedumbre
parda de
la tarde
en los
ojos
viejos
del
tiempo y
su
sabiduría
en
calles y
patagonias
podré
verla
partir
otra
vez,
todas
las
veces,
con un
chau
inofensivo
que aún
tanguea
triste
por
Callao.
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