| EL
ALBATROS |
A menudo, por divertirse, los hombres de la tripulación
asen albatros, grandes pájaros de los mares,
que siguen, como indolentes compañeros de viaje,
al navío que se desliza por los abismos amargos.
Apenas les han colocado en las planchas de cubierta,
estos reyes del cielo torpes y vergonzosos,
dejan lastimosamente sus grandes alas blancas
colgando como remos en sus costados.
¡Qué torpe y débil es este alado viajero!
Hace poco tan bello, ¡qué cómico y qué feo!
Uno le provoca dándole con una pipa en el pico,
otro imita, cojeando, al abatido que volaba.
El Poeta es semejante al príncipe de las nubes
que frecuenta la tempestad y se ríe del arquero;
desterrado en el suelo en medio de los abucheos,
sus alas de gigante le impiden caminar.
Traducción de Enrique López Castellón
|
| LAS
VENTANAS |
Quien
mira
desde
fuera
a
través
de
una
ventana
abierta,
no
ve
nunca
tantas
cosas
como
el
que
mira
una
ventana
cerrada.
No
hay
objeto
más
profundo,
más
misterioso,
más
fecundo,
más
tenebroso,
más
deslumbrante,
que
una
ventana
iluminada
por
una
candela.
Lo
que
se
puede
ver
a
la
luz
del
sol
es
siempre
menos
interesante
que
lo
que
pasa
detrás
de
un
cristal.
En
ese
agujero
oscuro
o
luminoso
vive
la
vida,
sufre
la
vida.
Más
allá
de
la
oleada
de
tejados,
entreveo
a
una
mujer
madura,
ya
con
arrugas,
pobre,
siempre
inclinada
sobre
algo,
y
que
nunca
sale
a
la
calle.
Con
su
rostro,
con
su
ropa,
con
su
gesto,
con
casi
nada,
he
reconstruido
la
historia
de
esa
mujer,
o
más
bien
su
leyenda,
y
a
veces
me
la
cuento,
llorando,
a
mí
mismo.
Si
se
hubiera
tratado
de
un
hombre
viejo
y
pobre,
habría
reconstruido
la
suya
con
la
misma
facilidad.
Puede
que
me
digáis:
"¿Estás
seguro
de
que
es
verdad
esa
leyenda?"
¿Qué
importa
lo
que
pueda
ser
la
realidad
que
hay
fuera
de
mí,
si
me
ha
ayudado
a
vivir,
a
sentir
que
existo
y
lo
que
soy?
|
| REMORDIMIENTO
PÓSTUMO |
Cuando en el fondo duermas, mi bella tenebrosa,
de una bóveda en mármol oscuro trabajado,
y ya no tengas más por alcoba y morada
que una llovida cueva y que una hueca fosa;
cuando la tierra oprima tu carne perezosa
y tus flancos que el ocio con encanto a pulido,
ni haya en tu corazón el amor, ni el latido,
ni tus pies puedan ir tras de ninguna cosa,
la tumba, confidente de mi sueño infinito,
en esas noches de las que el sueño está proscrito
—la tumba y el poeta son hermana y hermano—
te dirá: "Cortesana de atractivos inciertos,
¿de qué te vale ahora ignorar a los muertos?"
Como un remordimiento te roerá el gusano.
|
| LA
SERPIENTE
QUE
DANZA |
¡Cuánto gozo al ver, querida indolente,
en tu cuerpo tan hermoso
como una seda iridiscente
de tu piel el resplandor!
Sobre tu cabellera profunda
de ácidos perfumes
mar oloroso y vagabundo
de olas pardas y azules,
como un navío que despierta
con el viento matinal,
mi alma soñadora aparece
sobre un cielo lejano.
Tus ojos, donde nada se revela
de dulzura ni hiel,
son dos joyas frías donde se mezclan
con el oro el hierro.
Verte caminar con cadencia
bella de lasitud,
se dijera una serpiente que danza
en el extremo de un bastón.
Bajo el fardo de tu pereza
tu cabeza de niña
se balancea con la flojera
de un joven elefante.
Y tu cuerpo se inclina y se extiende
como un barco fino,
que va de borda en borda y hunde
sus vergas dentro del agua.
Como una ola engrosada por las fuentes
de los rugientes glaciares,
cuando sube el agua de tu boca
al borde de tus dientes,
creo beber un vino de Bohemia
amargo y vencedor
un cielo líquido que siembra
de estrellas mi corazón.
|
| INVITACIÓN
AL
VIAJE |
¡Pequeña mía, hermana mía,
sueña con la dulzura
de ir allá y vivir juntos!
¡Amar ociosamente,
amar y morir
en el país que se te parece!
Los soles húmedos
de sus cielos mezclados
tiene para mí el encanto
tan misteriosos
de tus ojos traicioneros
brillando a través de las lágrimas.
Allá, todo es orden y belleza,
lujo, calma y voluptuosidad.
Muebles lujosos,
pulidos por lo años,
decorarán nuestra alcoba;
las flores más raras
mezclando sus fragancias
con los vagos aromas del ámbar;
los ricos techos,
los espejos profundos,
el esplendor oriental,
todo hablará ahí
al alma en secreto
en su dulce lengua natal.
Allá, todo es orden y belleza,
lujo, calma y voluptuosidad.
Mira en los canales
los barcos dormir
cuyo ser es vagar;
es para saciar
tu más pequeño deseo
que vienen desde el confín del mundo.
Los soles ponientes
revisten los campos,
los canales, la ciudad entera;
con jacinto y oro;
el mundo se adormece
en una cálida luz.
Allá, todo es orden y belleza,
lujo, calma y voluptuosidad.
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