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| DE LA MÚSICA |
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| Caos por música |
| Editorial del diario oficial Pravda, del 28 de enero de 1936 |
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Paralelamente al desarrollo cultural, positivo en términos generales, se ha intensificado en nuestro país la necesidad de buena música. Nunca jamás ni en ninguna parte se han encontrado los compositores con un público tan agradecido. Las masas esperan buenas canciones, música instrumental y óperas de calidad. Algunos teatros ofrecen como novedad a un público tan interesado por la cultura como el nuestro Lady Macbeth de Mtsensk de Shostakovich. Una crítica musical complaciente ensalza esta ópera y la pone por las nubes. El joven compositor sólo escucha las alabanzas en lugar de entender a una crítica objetiva y seria que podría serle muy útil en sus futuras obras. El público se encuentra desde el principio invadido por una ola de sonidos intencionadamente disonantes y caóticos. Aparecen jirones de melodía y apuntes de frases musicales sólo para desaparecer inmediatamente entre ruidos, crujidos y gritos. Seguir esta "música" es difícil, retenerla es imposible. Así sucede casi todo el tiempo. El grito sustituye al canto. Y cuando por fin el compositor logra encontrar una melodía sencilla y expresiva, entonces, como asustado por tal delito, se precipita de nuevo en la espesura del caos musical que en ocasiones alcanza la cacofonía. La claridad que el oyente espera se sustituye por el delirio rítmico. Ese ruido musical debe expresar la pasión. Todo esto no se debe ni a la falta de talento del compositor ni a la incapacidad de expresar sentimientos fuertes y sencillos a través de la música. Esta música se ha compuesto intencionadamente alterada para que nada en ella pueda recordar la ópera clásica o la sonoridad sinfónica que por su simplicidad es accesible a todo el mundo. Esta música está compuesta para negar la ópera, para oponerse como todo el arte "de izquierda" a la sencillez, al realismo, a la comprensibilidad de la imagen y el peso de la palabra en el teatro. Se trata de incorporar al mundo de la ópera y de la música, y desde luego de un modo excesivo, las características más negativas del "meyerholdismo". Se trata de un caos de izquierda que sustituye a una música auténtica y humana. La fuerza de la música, que puede llegar a arrebatar al oyente, se pierde, utilizando los recursos más triviales, en intentos formalistas de carácter pequeñoburgués y siempre estériles o en pretenciosos ensayos de originalidad. Pero este juego puede terminar muy mal. El peligro que representa esta dirección para la música soviética es evidente. La disonancia "de izquierdas" de la ópera dimana de la misma fuente que la disonancias "de izquierdas" de la pintura, de la poesía, de la pedagogía y de la ciencia. El "afán desmedido de novedades" tiene un carácter pequeñoburgués y conduce a una desviación del arte, la ciencia y la literatura genuinos y auténticos. El compositor ha utilizado la música nerviosa, espasmódica e histérica del jazz para reflejar las "pasiones" de sus héroes. En una época en que nuestros críticos propugnan el realismo socialista, la obra de Shostakovich peca de un naturalismo vulgar. En ella, tanto los comerciantes como el pueblo aparecen representados de un modo uniforme y atroz. La comerciante rapaz que se apropia de la riqueza y el poder a través del asesinato es presentada como una "víctima" de la sociedad burguesa. La historia moral de Leskov oculta un sentido que el autor no ha tenido para nada en cuenta. Todo es burdo, primitivo y trivial. La música grazna, gime y jadea para describir plásticamente escenas amorosas en la primera ocasión que se presente; y este "amor" se extiende por toda la ópera en forma explícitamente vulgar. La cama doble del comerciante ocupa el centro del escenario; en ella se resuelven todos los "problemas". En el mismo estilo groseramente naturalista, se desarrollan las escenas del envenenamiento y de la paliza. Aparentemente, el compositor se ha propuesto no ofrecer a sus oyentes lo que los aficionados soviéticos a la música esperan de una ópera y buscan en ella. Ha cifrado su música con acordes que únicamente pueden interesar a formalistas y estetas cuyo gusto hace tiempo que se ha deteriorado. No ha tenido en cuenta las exigencias de la cultura soviética: "desterrar la grosería del arte y todas las formas de barbarie de los últimos rincones de nuestra vida". Para algunos críticos, esta exaltación de la lubricidad de la comerciante es una sátira. Evidentemente no se puede hablar aquí de sátira. El compositor recurre a todos los procedimientos musicales y dramáticos para lograr que el público simpatice con los actos primitivos y vulgares de Katerina Ismailova. Lady Macbeth ha triunfado entre el público burgués del extranjero. ¿No la aplaudirá el público burgués precisamente porque su música es caótica y absolutamente apolítica? ¿O tal vez porque esa música degenerada y neuraténica halaga el gusto degradado de la audiencia burguesa? Nuestros teatro han hecho grandes esfuerzos para preparar esmeradamente la ópera de Shostakovich. Los cantantes han dado muestras de su gran talento al luchar contra el caos, el ruido y la cacofonía de la orquesta. Han tratado de compensar con su interpretación dramática la pobreza melódica de la ópera. Desgraciadamente, todo ello sirve para develar aún más el carácter groseramente naturalista de la obra. Los logros interpretativos merecen el reconocimiento, pero los esfuerzos inútiles merecen compasión. Tomado del catálogo del Teatro Colón, de la temporada 2001 Arte y Letras, propone que cada quien, sque sus propias conclusiones sobre esta nota aparecida hace ya tantos años en el diario soviético. |
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