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ANA MERLÍN Entrevistada Por Helios Buira HELIOS BUIRA: -Ana, he visto tu obra, conozco mucho de tu existencia y podría hablar tanto sobre vos. Pero prefiero que le cuentes a los lectores de Arte y Letras, cómo fue el inicio de tu labor artística. ANA MERLÍN: -Hace mucho, mucho tiempo. Creo que nació conmigo. Primero era la danza. Desde que tengo memoria bailaba. Vivía en un barrio tranquilo y durante las tardes de verano me veo revoloteando en la vereda. Una vez pasó una señora y me preguntó, nena ¿vas a ser bailarina cuando seas grande? Y yo recuerdo que me sentí dignamente ofendida porque no se había dado cuenta de mi real condición. Tanto así que le contesté: Yo no voy a ser bailarina señora…yo Soy bailarina. Y así siguió la vida en la Escuela Nacional de Danzas, donde teníamos como 7 materias entre las que también figuraban Dibujo y Escenografía. Allí entre las instalaciones de pequeños teatros creo que nació mi devoción por las formas y los colores y los olores, porque me volvía loca el olor de las pinturas, de la témpera en especial. HB: -Luego de este inicio, hablanos de tu formación. AM: En cuanto a la plástica no hubo mucho más en la infancia porque la danza se lo comía todo. Pero reapareció en la adolescencia….por malas influencia, jaja!!! Vos sabés de esto. Había en el barrio un taller llamado CAIRA, en la terraza de tu casa justamente. El nombre respondía a Caponi ( si mal no recuerdo, yo tenía 16 años) y la última parte de Buira, o sea Ca-ira. Y allí pasaban cosas, compañeros tuyos de la Pueyrredón, salidas colectivas a museos, muestras, encuentros en talleres, música, tardes y noches deliradas enmarañadas de poesía, mateadas y como gran transgresión… un poco de alcohol del barato. Eran tiempos de despertares tempranos de todo tipo aunque no todos daban el perfil acorde a las circunstancias. Yo versaba de modelo en ese tiempo….pero con ropa. Recuerdo la primera muestra de ustedes, los escultores, en la Sociedad de Fomento que quedaba sobre la calle Segurola. Iba a abrirla Pujía, que yo no sabía quien era, pero sí sabía que ustedes no podían más de los nervios porque él era su maestro y un talento indiscutible. Sin duda tenían razón. Hace unos años lo crucé en un encuentro de escultores en un pueblito perdido entre sierras, El Trapiche, San Luis y le recordé esa tarde de la muestra. La tenía tan presente como si hubiera sido el año pasado. Me dijo que había sido muy buena. En fin, aquel día salió todo super bien, recuerdo que las esculturas prolijamente colocadas sobre banquetas altas lucían espléndidamente y el evento cultural causó furor en el barrio. Entonces yo no era partícipe protagonista pero sí acompañante integrada, con pertenencia y otra vez gustaba de oler el olor del arte. Después vino otra etapa porque me puse de novia con un fotógrafo artístico que me “levantó” en la Biblioteca Devoto proponiéndome que fuera su modelo. Así fue: modelo primero y luego, años después, pasó a ser el padre mis hijos. Y me impregné de fotografía en el amplio sentido del término, porque después de las tomas interminables venía el revelado y las ampliaciones. También era mágico, en la oscuridad del laboratorio poner los papeles gigantes ( Ilford o Kodak si mal no recuerdo) adentro de las bandejas enormes que estaban repletas de unos líquidos olorosos que de pronto, de a poco, empezaban a tomar color ( en blanco y negro)…. las formas, neblinosas primero, fantasmales, luego aparecían los contornos y los contrastes, el grano, hasta el punto finito en que se levantaba el papel chorreante y lo se lo pasaba más rápido que volando a la otra bandeja del lavado para que los químicos dejaran de actuar, porque si no se lo hacía rápido, se “quemaba” la foto de tanto contraste y no servía. Entonces aparecí en revistas temáticas tipo Fotografía Universal y Foto Mundo dando saltos con los pelos en llamaradas al viento. Hasta premios internacionales llegaron con mi cara ahí puesta, mirando la vida. Pero bueno, fue una época muy creativa, pero tanto en la experiencia del taller como en la de fotografía estuve de “ladera” viendo como los otros hacían arte y yo sólo acompañando. Lo mío, lo que se dice mío vino después, como a los treinta y pico, de la mano de mi hijo mayor, quien mostró, desde muy pequeño inclinaciones artísticas indudables. Los otros también, pero más adelante. Empecé a ir al mismo taller que iba él, en otro horario, con una artista de Devoto que murió muy joven: Sheila Gheralghty. De allí pasé a lo que ahora entiendo que era art brut en otro taller, el de Carlos Galli y entonces fue imparable, no solo en la pintura sino que se me dio también por escribir, poemas, cuentos, pensamientos que están archivados en algún lugar del escritorio. Iba al taller de Susana Prego y hasta estuve unos meses con Santiago Kovadloff. En realidad el divorcio (espantoso, entre dos abogados) y un análisis lacaniano descarnado, salieron cosas que no sospechaba y estuvo bueno. Volviendo a la pintura, retomé una noche de sábado en la que hacía frío, tenía gripe, no andaba el teléfono y se descompuso el timbre, sola, en medio de una casa gigantesca, aislada y en silencio. Después anduve sola, experimentando por la mía y ahora he vuelto a taller con Ale Rosemberg, intentando tomar las delicias del realismo, del que me escapo por la tangente cada vez que me distraigo. Pero está bueno, la técnica es facilitadora, ayuda un montón. HB: -Sé de tu capacidad creadora, de tus “introvisiones” y la pregunta se refiere a si podrías involucrarte con algún movimiento o escuela artística. AM: Te decía que incursioné por el art brut, más precisamente a lo que yo hago, en general, lo llamo proyección inconsciente. Dejar que salga lo que tiene ganas de salir y luego descubrir “eso” que salió y ahí si comenzar a darle forma y aplicar sí la técnica para que sea más preciso lo que se quiere transmitir. Aunque a veces elijo qué hacer y le doy a partir de esa elección. Depende si tengo algo para parir que me empuja desde adentro e ignoro de qué se trata o bien tengo para parir algo que me empuja desde afuera, como unas fotos de mi madre y mi abuelo, por ejemplo, que me pedían que las tomara en cuenta y las pasara a la tela. Es una cuestión de diálogo entre el inconsciente, el entorno y la tripa. HB: -Dije introvisiones y de inmediato apareció en mi memoria la última muestra que pude apreciar de tus obras en el Colegio Público de Abogados Retratos de Familia y allí noté ese “mundo mágico” que proponés cargado de misterios para que el espectador pueda recorrer la tela y encontrar allí tu singular decir. Esto nace en vos. ¿Podrías de alguna manera decirnos desde dónde viene? AM: -Un poco lo que te dije en la pregunta anterior. Retratos de Familia se enrola más en el realismo que en la explosión del inconsciente. Aunque el diálogo siempre está presente y nunca está demasiado claro quien empezó primero. Porque no es la mera reproducción de una foto querida, es otra cosa, la foto es el basamento, el disparador si querés, porque a partir del momento que los pinceles empiezan a hacer la suya, se presentifican otras cosas, como la historia de esa foto. Mirá, tomé una foto vieja de mamá y yo no sé si es que ella desde el otro lado del espejo me pidió que la retratara en la tela o tal vez fue que esa faceta romántica de ella (sumada a la mía) y la historia de la foto me lo pidieron. Resulta que mamá era enfermera en el Hospital Materno Infantil de la ciudad de San Luis. Era muy jovencita. En realidad en aquellos tiempos puntanos– te estoy hablando de 1930 aproximadamente- consiguió estudiar enfermería en la Asistencia Pública. Como a los 26 años ( había nacido en el 14), un amigo de la familia ( eran muy católicos), cura él, fue asignado a la capilla del Hospital. Mamá además de oficiar como enfermera, también tocaba el clavicordio y cantaba en las misas, razón por la cual, a la hora de la siesta se iba a la capilla a ensayar, y de paso, se tocaba unos tanguitos. Cuestión que el cura, catamarqueño de origen y Andrada de apellido, le declaró su amor y le ofreció dejar los hábitos para casarse con ella. Pero Tina no aceptó, según sus propias palabras, lo quería mucho como amigo y confesor, pero no como hombre. Cuestión es que el padre Andrada pidió el pase a otra capellanía, no sin antes pedirle una foto para poner por siempre en su mesa de luz. Y esa es la foto que inspiró el cuadro. Digo que inspiró porque mientras se iba haciendo aparecieron colores, formas, flores, estampados que no están en la foto, sino que son puro acto de creación mía y que tiene que ver con cómo yo veo a mi madre, joven, hermosa, llena de encanto y picardía, amiga tal vez, amiga posible si hubiéramos tenido la misma edad. Madre compinche te diría y eterna en la mirada de esa foto. Así la quiero para mí, me la inventé, mucho más allá de los estragos del tiempo, la vida, las enfermedades y la vejez. HB: - La estructura constructiva de tu obra, tiene una preeminencia de planos, que prefiero denominar como desplazamiento de masas que se encuentran en la composición, y permiten un recorrido sensible, de goce, en el observador. ¿Cómo construís la obra en el soporte? AM: -Con mucho goce y placer al momento de la creación. Y supongo que eso se transmite, porque como sabés, no vivo de la pintura sino que vivo en la pintura y no deja de sorprenderme cómo se va haciendo la obra silenciosamente casi a hurtadillas mía, porque de pronto descubro algo, una forma, una profanidad, un color, una profundidad que no tuve la intención de hacer y se hizo sin que yo me diera cuenta y es adorable porque era justo justo lo que necesitaba la obra. Recuerdo una vuelta hace muchísimos años, por la década de los años ochenta calculo, que me mandé al más puro estilo catarsis y cuando pude parar empecé a girar la tela en busca de un sentido y al revés de cómo yo venía pintando apareció la figura de un Minotuaro, clara y nítida, como si el ojo la hubiera pintado invertida, que era un tema puntual que yo estaba transitando en ese momento en una relación apasionada y difícil con un hombre que me llevaba directamente al mito del Minotauro. O sea que además de lúdica mi pintura es terapéutica….y a veces profética. Oh, el arte y sus misterios! HB: -Se ha dicho sobre lo variado de tu técnica. Aclaro que para mí no es así, sino que utilizás la técnica que el tema te pide. Digo, que el contenido determina la forma. Lo contrario, sería como decir que un día sos figurativa y al otro geométrica o abstracta. No. Lo tuyo es identidad, estilo, o como quiera que se llame. Pero tu obra es la que es, la que veo. ¿Hay una preconcepción, o vas decididamente a la tela y allí se resuelve el enigma? AM: -Allí se resuelve el enigma, aunque te confieso que despierta o dormida cuando estoy con un proyecto entre manos no paro de darle vueltas y más vueltas. Es como cuando vas a rendir un examen para el que te preparaste bien, pero al momento de girar el bolillero entrás en pánico y no te acordás de nada y luego cuando estás frente a frente con los examinadores todo sale y fluye naturalmente. Algo así, estás en vacío hasta que comienza el llenado como venido de no se sabe dónde. HB: - Mucho color. Tus cuadros están llenos de pintura. Viven desde el color. AM: -Vivo en color, sueño en color, como en color, me visto en color. La composición cromática es tan fundamental en mi vida que a la mañana, cuando me levanto, paso tiempo pensándome en qué color estoy ese día, a qué color respondo y correspondo ese día. Al punto que hasta que no lo encuentro no me muevo, o si estoy bajo la ducha no salgo hasta que encuentro cual es el color que me toca ese día. Como verás imposible preparar, por ejemplo, la ropa la noche anterior. Con los cuadros es parecido, por eso no soy monocromática ni repetitiva, sino más bien repentista. Aunque hay algunos más apagados que también responden a determinados momentos en general trato de que mi mundo sea bello y colorido. Tengo una especie de aversión a la distonía cromática, me desarmoniza, me desequilibra, me pone de mal humor; hasta que lo corrijo no puedo hacer otra cosa. No puedo en este caso, hacer concesiones estéticas, como diría uno de mis hijos. HB: -Considero al arte como un hecho social por excelencia. Ese mundo mágico que pintás ¿puedo pensar que viene desde los ancestros? ¿Qué se corresponde con las zonas no vinculadas a Cronos? Hablando de los misterios del ser humano. AM: -Indudablemente. Viene, es dado, solo hay que saberlo captar y capturar. A veces se escapa, pero hay que estar atento a las señales que no escatiman modos para presentificarse. Lo ancestral es de los ancestros de sangre; ascendientes familiares, culturales, genéticos, ambientales, biológicos y están los otros los que son de toda la humanidad, los mitos, el inconsciente colectivo, los rituales y fundamentalmente los símbolos; y hasta me atrevo a decir que hay un tercer registro que se corresponde con lo ancestral de toda el universalidad. Me sorprendo de pronto con figuras antiquísimas que se me aparecen en la tela, como un aquelarre, una salamanca poblada de elementales, luego de haber visitado una cueva en la montaña. Entonces alguna cuerda dormida se despierta y te cuenta de su experiencia primigenia. Es delicioso por atemporal. HB: -Dos obras: el retrato de tu Abuelo Payador y la Chola que lleva a su hijo en el Aguayo, me conmovieron. Contanos su génesis o cómo es que llegaron al soporte. AM: - Te cuento que se trata de mi abuelo, el padre de mi madre. En realidad, yendo a Cronos, estuve muy poco con él, porque vivía en San Luis, yo en Buenos Aires y murió cuando yo no había cumplido cuatro años. Creo que sólo lo vi dos veranos, pero, algo de él me impregnó. No me preguntes qué ni cómo pero siempre tuve adoración por ese hombre, por el abuelo Enrique, por su ternura, su contención, no sé, algo me transmitió que va mucho más allá del tiempo y la frecuentación. Cuestión que un día viendo una foto, una amiga me dijo que yo era igual a mi abuelo, cosa que no tenía registrado nunca y no era precisamente en los rasgos físicos sino en el semblante, en lo que ahora llamamos “onda”, la misma frecuencia de onda….electromagnética? Y entonces se me vino como una catarata querer pintarlo, desde su faceta también más artística que era la de payador. Y entonces Don Enrique, hombre sencillo, jovial y buen humorado apareció en el soporte, acompañado de una guitarra inventada por mi, vestido como me gustaría verlo hoy, colorido y elegante a la vez. Así resucité a mi abuelo y me acompaña y me cuida desde la tela. Con relación a la obra “Cobijo”, efectivamente aparece una cholita sostenida por el Aguayo en la espalda de su madre. Una mañana, vino la señora que me vende las plantas y al tocarme timbre me asomé al balcón y allí, desde esa perspectiva, o sea desde arriba, la vi tan hermosa que inmediatamente le tomé una foto. Y luego, esa ternura, esa santidad de la recién nacida, de la inocencia en estado puro, me llenó y me impuso volcarla a una tela. Demás está decirte el placer inmenso que sentí dando cada pincelada de ese Aguayo quebrado, colorido, incrustado de símbolos arcaicos, étnicos, de increíble armonía y belleza….que nos remiten a una cultura milenaria y sabia. Y la espalda de la madre, con su trenza gruesa y negra…cobijando a la cría a su modo, como se lo enseñaron sus ancestros generación tras generación. Pintarlas a ambas fue un modo de rendirle homenaje a las diferencias culturales y de respeto a las otras culturas de los otros pueblos. HB: -¿Con cuáles de los Grandes Maestros te sentís identificada o tomás a modo de ejemplo? AM: -Kandinsky me llega, por su pintura pero también por su escritura “De lo espiritual en el Arte”. Toda esa línea de rusos me lleva también a mis ancestros, los del otro lado, los que vienen de la Rusia en la sangre de mi padre. Chagall me vuelve loca, aún en sus expresiones más “airadas”, más “desprolijas” si es que puedo atreverme a decir esa palabra hablando de Chagall. Ese Cristo verde….!!!! Leonardo también me vuelve loca. Recuerdo que cuando estuve en Milán en el 96, lo primero que hice fue ir a ver El Cenácolo y quedé impactadísima porque mucho antes de que se hablara del Código Da Vinci y Magdalena, juro que yo vi una mujer en la que dicen es la figura de Juan. Cuando digo impactadísima digo hasta las lágrimas, por esa magnificencia, esa piedad infinita en el cuerpo y el rostro del Cristo versus esa humanidad recelosa, competitiva, codiciosa, envidiosa y voraz en el resto de los discípulos…salvo Magdalena...entregada a su destino inexorable de soledad y remembranzas. ¿Cómo pudo hacerlo Leonardo? ¿Cómo pudo marcar con tanta sutileza los matices del alma humana sin llegar a lo grotesco o lo sobreentendido? Y los prerafaelistas me encantan, en lo bucólico, en su moralina, en el perfume que exhalan esas escenografías, los estanques, las ropas, los cabellos. Para mi la admiración al artista va de la mano de la admiración al ser humano. No puedo doblegarme ante un Dalí, aunque es un genio incontrastable, pero me subleva esa soberbia mal digerida y la perversión sexual propia y en su relación con Gala. Y admiro a Bouguerou, pero no en todas sus obras, me inclino ante “El Primer Duelo”, obra a la que recurro cada vez que paso por el museo, ya que tenemos el privilegio de tenerla en el Museo de Bellas Artes de Bs.As.; no así la Venus o los amorcillos. Una obra, a veces, una sola obra vale una vida. Y para decir algo más sin llegar a ser tan extensa, Turner, Turner y su evolución desde el botecito en el agua con la luna y con el fuego hasta la casi abstracción de las formas en sus últimos tiempos y la majestuosidad de las imágenes. Te preguntarás por qué no lo nombro a Picasso. Pues que si lo admiro, en sus bodegones, en la elección de sus colores, en la época de Marie Therese, en su período azul y rosa, en el “Muchacho con pipa” y su cabeza coronada de rosas… quedo petrificada y con la boca abierta, pero no así con el Guernica que personalmente me decepcionó. Esperaba más, no sé qué más, pero a veces siento que ofende al público como con su Femme Allongée en el que pone de manifiesto una desprolijidad rayana en la descortesía al Otro, que somos nosotros, su público. Y por supuesto también ofende al público el que coloca una obra que no vale aunque tenga la firma de un Picasso- Klimt, Rouseeau también son admirados por mi. HB: -¿Qué artistas argentinos merecen tu elogio, tu admiración? AM: -Fader me encanta, me lleva a esos pueblitos serranos tan queridos por mí. Hay algo en sus sombras violáceas, en los rosados, en las ramas de los árboles, en sus cabras….Algunas obras no comerciales de Mariette Lydis, como “la Chica del Río” que no volví a encontrarla nunca más, que aunque era francesa se desarrolló en nuestro país, como también Spilimbergo o Pujía, que en escultura merece toda mi admiración, además del modo que pasó a la orfebrería, haciendo de su arte otro arte. Es difícil en un país de inmigrantes hablar de artistas netamente locales porque o nacieron fori por casualidad o a la inversa. Lo importante es dónde hicieron obra. Algunas obras de Perez Celiz, otras de Miguel Dávila, aunque me asustan un poco; Primeros Pasos de Berni me vuelve loca de no poder despegarme ante su vista Y de los retratistas de comienzos del siglo XX me gusta Alice. De Marta Minujin me gustan sus esculturas no así sus instalaciones o sus cuadros, pero como escultora es genial, el desgajamiento, la fragmentación. No convalido la corriente tan en boga del hiperrealismo en las Naturaleza Muertas. Lo que puede decirse con una fotografía, carece de valor, a mi humilde entender, decirlo con una pintura. Me gustan algunas obras de Graciela Genovés. Y hay dos muchachos jóvenes que se las traen: Alejandro Rosemberg con quien intento -muy a su pesar- aprender algo del realismo y Daniel Merlin, argentino radicado en España, genio total. HB: -¿Te relacionás con otros artistas, compartís tiempo con ellos? AM: -Si, en el taller y en los encuentros fuera del taller, en las vernissages, en salidas compartidas por esos mismos motivos. Además con Internet la interrelación se da espontáneamente con frescura porque todo el tiempo o te escribis o te escriben o enviás o te envían, el tema es que estás permanentemente en tema. HB: -Acabás de levantar una muestra en El Trapiche, en la Provincia de San Luis. ¿Cómo fue la experiencia? AM: - Super interesante exponerme frente a los amigos de toda la vida, que si bien conocían mi actividad por mentas, nunca habían visto mi obra en verano que es cuando nos reunimos todos de los cuatro puntos cardinales más la rosa de los vientos. Fue lindo mostrarle algo de lo que hago ya que tampoco pude viajar muy cargada, pero al menos los cuadros temáticos de “tierra adentro” como la serie de los fogones, y algunos personajes de los retratos de familia pudieron volver a sus pagos. Algunas obras quedaron allá porque es posible repetir la experiencia. HB: - Sé que has ido al Trapiche, lugar tan grato a tus afectos y allí te has “encerrado” a pintar, a volar sobre tus telas. AM: -Sí, además el óleo seca más rápido que en Baires, lo cual es una bendición a la hora del barniz. Suelo hacer al estilo Nietzsche, caminata, reflexión, creación y así otra vez. Un poco de pintura, otro poco de caminata ( siempre pensando en la obra) y vuelta a los pinceles. Cuando me da el ataque de creatividad es imparable y hasta que no termino y quedo satisfecha no puedo hacer otra cosa más que pensar y darle a la obra…como vos decís volando sobre mis telas…con los pinceles o con el pensamiento. El sentido es primordial para mi. Por eso reniego de las naturalezas muertas a las que no se los encuentro. O sea es primordial que trasunten una vivencia espiritual, un clamor de trascendencia, un grito al más allá….de acá, a lo que queda a la vuelta de la esquina y se lo presume pero no se lo ve, una convocatoria al misterio. HB: -¿Proyectos, planes para este 2011 que recién se inicia? AM: -Armar un taller más grande en la terraza de mi casa, como el primitivo Caira ¿qué te parece? Tal vez pintar en soportes tamaño large y extra large. Tengo pensada una ronda de mujeres frenetizadas por el placer del giro, otra de una novia bailando alocada en el éxtasis de la alegría y luego algunos retratos más de mi familia más en calma. No me atrevo demasiado aún con mis hijos adultos ya y con mis nietas. Me parece que me van a salir mal. Es un desafío. Demasiada densidad de sentimiento puesto en ellos. Tal vez salir a pintar a la calle. Eso es interesante. HB: -Ana, muchas gracias por aceptar la entrevista. Si querés agregar algo, tu tiempo. AM: -Gracias por este espacio. Te felicito por la revista virtual. Estás haciendo algo realmente bueno. Sin duda te lleva tiempo y esfuerzo, pero lo vale por la calidad de lo que ofreces que a las claras habla de elecciones finamente analizadas y además….tiene tu impronta!!!! Gracias Helios nuevamente y que no se corte que está buenísimo!. |
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