| El
testigo |
Con el rostro enlodado, en un rapto de furia celosa
levanto el acta de mi piel.
Esta piel mía, fantasmal y tensa,
que envejece sola.
Hay respuestas, condenas, hay nacimientos
y heridas de clavos que algo significan.
Mas ni eso, ni la elevación del cáliz encendido
muerte y muerte del hombre por el hombre,
anuncian paz.
Como puede verse,
en el hospital terrestre las consignas son crueles
y la más cruel, la más extensa,
ordena convertir el grito en injuria desolada.
Con todo, y sin los subterfugios usuales
me confieso que estoy muerto. ¡Contento Señor!
Pues me llevas como a un enfermo evangélico,
como a un paralítico,
cuya sangre indecisa derramada en el camino
es un ojo indeciso y humeante.
Yo nada he sustituido,
Pues en rigor mi permanencia fue oscura.
Y luego,
cuando el paso y la caída esfumaron en verdad mi piel
no pregunté si el infalible beso,
fue de un ángel vengativo o de un simple loco.
He tratado de decir,
que el occidente está enfermo de materia y de ironía.
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| Arte
poética |
Un elemento de controversia
que nos lleve a lo paradojal
tras cada línea, cada pausa;
la ambigüedad a expensas de la convención.
Una premisa constante, la duda,
indagando en la realidad,
buscándola fuera del contexto;
la materia a expensas del lenguaje.
Una síntesis intransferible y bella
con ánimos, bestias, escrituras,
profanados sub specie aeternitatis;
la imaginería a expensas de tormentos.
Una teología creadora de objetos
que se negarán a ser hostiles a Dios.
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| Subsistiré,
subsisto |
Subsistiré, subsisto,
ser el pimpollo,
ser el transitorio pez,
naturaleza como mezcla.
Apenas anunciado,
la permanente degradación
me empuja la cambio,
inimaginable consumo
de fuego elemental,
agua, aire, tierra,
y formas que nunca nacen,
por ya engendradas
actuales y futuras,
retrospectivas formas,
repitiéndome en todos
cargado a una inmortalidad
llamada muerte,
cuando el odio me disocie,
y lo oscuro sea recompensa;
amor,
cuando presunta pureza,
me identifique en un lugar,
interior tentativa de conservación,
la única que pueden permitirme
tiempo y especies.
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| Doppelleben |
Novelistas
fervorosos de la acción
e incapaces de actuar,
ideólogos
que erráticamente fechan
el ocaso de nuestros ciclos
y de ciclos que sobrevendrán,
excéntricos
sin esperanzas, deslomándose
en sentenciar que la grandeza
se arranca de las causas perdidas,
nihilistas
supérstites de un credo
algunas de cuyas demandas
todavía circulan, sin eco:
Las cárceles son
universidades del crimen
que habrá que volar, tarde o temprano.
Como esquemas de vidas encarnando
¿hasta qué punto es quimérica
la comunión entre lo inmutable de cada destino
y la perspectiva que elige, que pretende?
¿Cómo encargados
de desautorizar la hegeliana sentencia
de que lo interior supone con lo exterior
un vínculo ineludible?
¡Doble vida!¡La expresión
que tú Gottfried Benn acuñaste
para nuestros constantes espejismos,
desenmascarando incompatibles prácticas,
chácharas sobre generalidades,
reticencias en admitir
que cuanto pesa y decide se produce
fuera de la esfera de lo personal
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| Cuando
la
idea
del
yo
se
aleja |
De lo que va adelante
y de lo que sigue atrás,
de lo que dura y de lo que cae,
me deshago
abandonado quedo
del fuerte soplo,
del suave viento,
y quieto, las espaldas
apoyo en el suelo,
vueltas las manos hacia arriba,
corazón,
abjurando de armas, faltas,
de oraciones donde borrar las faltas,
blando organismo, entidad
que ignora cómo decir: Yo soy,
y en la enfermedad y muerte,
vejez y nacimiento
ya no encontrarán lugar,
como no lo encontraría el tigre
para meter su garra,
el rinoceronte el cuerno,
la espada su filo.
Antes hacía, ahora comprendo.
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| Pascal |
Casi ninguna verdad,
el vacío
para sentirte seguro
contra la historia,
apóstata
por aconsejar la inconstancia,
la fatiga extrema,
la tempestad,
aunque los hombres no las amen,
por juzgarnos míseros
y tener la alta idea de ti
que no quieres
compartir nuestras debilidades,
por ser tú mismo endeble
y admirar las moscas,
extraña potencias
que ganan todas las batallas,
perturban el alma,
y devoran el resto,
por sustraerte al destino común
asomándote al abismo,
tu abismo, a tu izquierda,
y orar con un largo grito de terror,
por cerrarte a la claridad
mientras velas, implacable,
y exiges
que en esa Agonía
que durará hasta el fin del mundo
nadie se duerma,
por haberte ofrecido a Dios
tras anunciar que en todas partes
la naturaleza señala a un Dios perdido.
Casi ninguna verdad,
el vacío
y el morir solos
debajo de un poco de tierra.
Tuviste razón,
qué necios son estos discursos.
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| Oficio
de
amor |
De la intimidad que ahora nos asusta
sale el pasado,
sale la espléndida nostalgia,
ejercicio callado del ocaso;
de la valuación de Dios en la plegaria,
para que no estemos uno fuera del otro,
saldrá la amenaza,
celosa corrosión de los gestos
interrumpiendo nuestro abrazo.
¡Oh manoseados sentimientos!
Más y mejor seré yo mismo
cuando guarde de tu boca la idea
y aunque ya no pase del existir a la presencia
igualmente me verás contra tu boca
vigilando la mudanza de los días
hasta que, siendo como yo reliquia,
me ayudes a evitar esta agonía.
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